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¿Una relación amorosa puede generar estrés?

noviembre 17, 2016
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La respuesta es sí, porque el amor es un aprendizaje, sin fórmulas fijas. La astucia está en saber moderar las exigencias que podrían hacerlo fracasar.

Amar es un arte. Difícil. Porque no existen reglas fijas para vincularnos con el ser amado. El vínculo, aunque deseado, también es temido y por eso genera tensiones, miedos, deseos de huir de la relación amorosa. A veces  nos ilusionamos con la búsqueda de fórmulas prefabricadas y modelos del cortejo que  nos tranquilicen ante las lides del amor. Pero, como en todos los aspectos importantes de la vida, las conductas amorosas deben confeccionarse con tiempo y a  medida. No sirve el pret-à- porter.

Reflexionemos para moderar las exigencias que podrían malograr el amor.

Las preguntas  de la gente

”Yo soy muy concreto. La quiero y me quiere. Le gusto y me atrae. Entonces, ¿por qué transpiro, tartamudeo, sufro cuando estamos juntos? ¿Por qué nuestra relación sexual, que es linda, me transforma en un ser temeroso, que cree que no la va a poder hacer feliz?”

Tiene que aprender que, muchas veces, el cuerpo expresa las emociones profundas de tal manera que resulta indeseable para quienes quieren ser predominantemente racionales en materia de amor.  El cuerpo puede independizarse de la psique. Y las emociones pueden inundarnos sin que hayamos esclarecido su código de funcionamiento. La forma de armonizar cuerpo y mente en el amor consiste en dialogar con la pareja. Y en dejarse “flotar” cuando uno no puede manejar  todo.

“Me preocupa que a mis 31 años todavía no he encontrado una pareja que me satisfaga aunque salí con varias mujeres. Últimamente conocí a una mujer que me gustó, empecé a  asediarla por teléfono y a confiarle mi vida íntima. Correspondió a mi interés, pero me angustié y le aclaré que  no quiero relaciones comprometidas. ¿Qué me pasa?”.

Teme entregarse al amor. Se enfila aterrorizado para encontrar su complemento, pues teme que devenga su opuesto, su enemigo. Todo ser  amado porta el riesgo del distinto. Por eso trata de fusionarse y coincidir para encubrir una  amenaza posible: la de ser abandonado. Si su pareja piensa distinto de él, se siente no querido.

“Quiero casarme con mujeres de mi religión. Pero no las soporto. Más aún: las maltrato. Las siento estúpidas, poco interesantes, pacatas. Pero no me permito dejarme seducir por el encanto de una infiel. ¿Cómo es el juego que yo me juego a mí mismo?”

Ama a las que tienen valores diferentes de su sistema de creencias y rechaza los propios. Su ambivalencia parece reflejar un rechazo a sí mismo y un deseo de lo otro, porque lo cree mejor que lo propio. Nadie puede amar a otros si no se ha autoaceptado.

“Cuando me enamoro, soy una disconforme: sufro si no me llama todos los días, si se retrasa en el llamado telefónico, si no quiere salir el fin de semana conmigo porque, imagino, tiene una esposa. Al mismo tiempo, si salimos muy seguido, me asfixia porque no puedo realizar mis actividades. ¿Hay una medida del amor que  permita gozar sin padecer?”

Algo semejante al caso de Raúl le sucede a Verónica, quien fluctúa entre atenerse a la seguridad de un amor dependiente y controlado y la asfixia por la pérdida de su libertad individual.

Ideas para cambiar la actitud ante el amor

• Aprender a sentir el cuerpo y poner en palabras las sensaciones y sentimientos es la clave del antiestrés.

• Todo vínculo humano conlleva estrés. Nos angustia que, cuando amamos, se aproximen dos universos-diversos. Queridos y temidos.

• Empezar a poner en palabras lo que sentimos y pensamos y luego expresarlas, es un ejercicio imprescindible para no bloquear el desarrollo del amor

• El estrés es  un estímulo para agilizar el amor, ya que exige franquear una brecha sólo superable si hay un trabajo constante de entendimiento y una intención de honestidad en el trato.

• Comprendernos y aceptarnos a nosotros mismos son condiciones para amar al otro sin ansiedad. El otro es accesible por ser humano y apasionante, y misterioso por ser único.

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