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¿Cómo aprender a amar a la pareja?

abril 8, 2015

Por la Licenciada Isabel Boschi

Como todo en la vida, también hay que aprender a amar. Esto necesita tres ingredientes: humildad, generosidad y confianza.

El enamoramiento es un sentimiento, una pasión. El amor es otro tipo de afecto.

Se aprende a amar. Amar es un arte. Y como todo arte lleva toda una vida aprender a hacerlo bien.

Conocemos parejas que dicen que se aman pero que se hostigan permanentemente. Tal vez en el comienzo de la relación disfrutaron de la pasión pero sólo aprendieron a ser agresivos para cuidarse de los posibles ataques del otro cuando tiene una personalidad muy conflictiva.

Suelen ser portadores de una fuerte influencia del modelo de padres que no supieron entenderse en la pareja.

Es que nadie nos enseña a amar a la pareja. Sólo la escuela de la vida.

En el programa de Educación Sexual Integral, es muy escueto el contenido referido a qué debemos hacer para amar a la otra persona.

En el amor, nos movemos por ensayo y error. Y a veces es tarde cuando nos dimos cuenta que no fuimos buenas alumnas.

Cuando les preguntamos a los que se maltratan si se aman, suelen responder que no quieren separarse porque se necesitan. O que no quieren estar solos. Pero no ceden ante el otro porque son desconfiados: temen que si se entregan física y afectivamente los van a someter. O a abandonar. Les faltó aprender el respeto amoroso y el cuidado.

¿Cómo aprender a amar aceptándose? Lo básico es generar confianza.

¿El amar a otra persona no es innato?

Podemos experimentar “flechazos” de pasión porque somos seres biológicos. El deseo y la excitación corresponden al cerebro más primitivo porque apuntan a la reproducción de la especie humana.

Amar es otra cosa. Es un aprendizaje inicial en nuestras vidas. Si fuimos amados tempranamente por nuestros padres o por los seres quienes nos criaron, sabremos amar. Si no lo fuimos, podemos aprender a amar.

Amar también es una necesidad. La cercanía de otro ser humano que nos quiera, eleva nuestra autoestima.

Si me quieren me siento valiosa. Y a su vez, porque soy valiosa, me quieren. Es un movimiento circular de los afectos.

¿Por qué es importante amar?

Amar nos enseña a descentrarnos de nosotros mismos, a darnos cuenta de que el otro existe. Es un desafío para nuestra mente y para nuestro cerebro. Alojamos en nuestras experiencias vitales una visión del mundo diferente, la de la pareja, que a veces coinciden y otras no, con las creencias personales.

Pero debemos ser lo bastante plásticos para no refutar por diferentes las ideas de nuestra pareja que no coincidan con las propias.

Podemos discutirlas, analizarlas, evaluarlas y considerar si vale la pena disgustarnos con algunas posturas inflexibles. No todos los disensos tienen el mismo nivel de importancia. Deslicemos como mera opinión los conceptos diferentes del otro que no cambian el sentido de la vida.

Una de las tareas más interesantes de la pareja es la práctica constante e infinita de amar y ser amado. No me refiero a los gestos repetitivos y al tratarse constantemente de “querida” y “querido”. Me refiero al significado amoroso que otorgamos a los gestos de acariciar, abrazar o a las palabras cariñosas tantas veces formuladas.

Si queremos una pareja y no sabemos amar, ¿qué debemos hacer?

  • Ser humildes para predisponernos a aprender a amar.
  • Seleccionar a quien más nos atraiga, quien comparta nuestros valores más importantes, y de quien nos interese su individualidad.
  • Reforzar cualquier acuerdo compartido.
  • Conversar cuando hay divergencias, con el propósito de hacerse entender y entender por qué el otro piensa lo que piensa.
  • Buscar que cada uno se desarrolle tanto dentro como fuera de la pareja. Alentar los progresos personales.
  • Confiar en que sólo perduran las parejas a las que no retenemos.

Cuando nos aman sin retenernos experimentamos la misma confianza básica que nos transmitieron nuestros adultos protectores que nos esperaban para que camináramos, habláramos y que fuéramos aprendiendo las funciones que nos hicieron personas.

  • Considerar que no hay pareja perfecta porque ninguna persona lo es.
  • Celebrar que podamos dialogar con alguien querido sea para el acuerdo como para la discusión.
  • La mejor manera de amar en pareja es conocer las propias limitaciones, lo que nos permitirá ser tolerantes con las del otro. El amor obliga a la reciprocidad.
  • Descentrémonos por momentos de las necesidades personales para ponernos en la mentalidad del otro. Así lo entenderemos mejor.

Pedirle que el otro también se ponga en nuestro lugar cuando disentimos, para que pueda entendernos.

  • Ser generosos: el otro tiene su vida; nosotros, la nuestra. Y además compartimos una vida en común.

La pareja no debería enajenar la autonomía.

  • Trabajar sobre los celos personales y el pretendido derecho de propiedad que tenemos sobre el otro. Nadie nos va a robar lo que ya tenemos. Si nos roban, es porque ese ser ya no era nuestro. Los robos se producen si ya se habían soltado los lazos de amor que nos unían con “el” o “la” supuesta “robada/o”.
  • Insistir si fracasamos. Insistamos con ese o con otro amado. Lo importante es aprender a amar.

CONCLUSIONES

    • No es obligatorio estar en pareja. De hecho, hay seres que viven sin pareja y disfrutan mucho de su pasar.
    • Pero me parece que la pareja es una vacuna contra el narcisismo, contra el considerarse que sólo uno es importante.
    • Creo que es un acto de humildad compartir nuestra vida y nuestros afectos con alguien que creemos merecer y que nos merece.
    • Mi profesor de Filosofía, el Doctor Angel Vasallo nos decía: “Trato de ser mejor cada día para merecer a mi pareja”.
    • ¿No es un buen propósito en la vida?

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