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Cómo son ellos en la cama, se acuerdo a su personalidad

mayo 29, 2012

Reportaje a Walter Ghedin, psicólogo, sexólogo y autor del libro “Tipos en la cama”.

Hay hombres tímidos y hombres avasallantes. Algunos exigen “actitud” y otros disfrutan de dominar. ¿Son iguales en su vida cotidiana que bajo las sábanas? ¿Hay indicios para reconocer a un buen amante? ¿Y de cuáles conviene escapar? Charlamos con un especialista en el misterioso actuar masculino.

¿Cambia la actitud de los hombres en la cama, según su personalidad?

En algunos casos sí y en otros no. Algunas personalidades repiten en el espacio de la cama el comportamiento que tienen fuera de ella. Por ejemplo, hay hombres solitarios que buscan, cuando tienen relaciones, algún tipo de contacto pero sin mucho despliegue. Así como son en la vida lo van a ser también en el sexo. Lo mismo sucede con las personalidades desconfiadas: son así en distintos ámbitos y también van a desconfiar cuando hagan el amor. En estos dos tipos de personalidades hay cierto patrón que se repite dentro y fuera de la cama.

¿Y en qué casos son distintos?

Eso es bien típico en los hombres histriónicos o expansivos, que son los que tradicionalmente se dice: “calientan la pava, pero a la hora de tomar el mate… No pasa nada”. Lo que vemos fuera de la cama es un gran despliegue y generan muchas fantasías. Pero, cuando entramos en el espacio de la intimidad, no están a la altura de todo lo que prometieron. También pasa en los sujetos fanfarrones. Muchas veces, con el fin de conquistar a una mujer, se cuidan y no muestran tanto su vanidad o la van solapando. En cambio, la vanidad  aparece en la cama, van a decir: “mira todo lo que tengo para hacerte, mira lo que tengo para vos, mira cómo me entrené y cómo me preparé”.

¿Cada hombre tiene una forma de vivir la sexualidad?

Yo hablo de estilos de personalidad, de tipologías. Hablo de personalidades solitarias, extravagantes, desconfiadas, narcisistas o vanidosas, astutas e inestables. También los temerosos, obsesivos, dependientes y negativistas (ver recuadro). Estas personalidades se ven tanto dentro como fuera de la cama. En algunos casos se repiten y en otros difieren.

¿Hay generalidades, cosas que a la mayoría de los hombres les gusta?

Sí. Aunque pensemos que las cosas están cambiando, ciertos estandartes de género se mantienen. El hombre tiende a ser más activo, a llevar la iniciativa y a penetrar. Porque la fuerza de la penetración tiene que ver con un rasgo de dominancia y de virilidad. Por lo tanto, esta es una conducta muy repetida que vemos en los hombres.

Y dejan de lado lo demás…

Claro, como el juego previo, que incluye el sexo oral, el contacto y la erótica. Está dejado de lado por los hombres y se lo minimiza: “esto no es lo importante, vayamos al grano que es la penetración”, dicen. Es una actitud que trae inconvenientes porque el hombre se pone más ansioso por penetrar y hace que la mujer no esté lo suficientemente estimulada por el apuro del hombre. Y se generan problemas en el vínculo.

¿Cambia su actitud según la mujer con la que esté? Dicen que “no es lo mismo la esposa que una prostituta”….

Coincido con eso. Todavía esas cuestiones, esas creencias, están metidas en las cabecitas de los hombres. Y también de las mujeres, porque dicen: “yo no voy a pedir tal cosa, no me voy a mostrar de determinada manera por si piensa que soy una prostituta o si piensa que esto lo aprendí con otra pareja”. Y en realidad, lo que está haciendo es expresar libremente su sexualidad. Sin embargo, hay pautas que todavía condicionan el comportamiento sexual de las personas, tanto en hombres como en mujeres. Por eso, hay hombres que dicen: “yo esto lo puedo hacer con una prostituta pero a mi mujer no puedo pedirle ciertas cosas o no puedo desarrollar con ella una capacidad sexual”.

Entonces, ¿las tipologías de las que veníamos hablando se rompen?…. Al final, ¿no son todos iguales?

Todo depende de la personalidad, de la mujer con la que esté y del sistema de creencias que ese hombre tenga. Hay personalidades que llevan un comportamiento social tal como lo desarrollan en la cama. Y hay otras en las que difieren.

SIGNOS Y SÍNTOMAS

¿Puede haber sorpresas? Por ejemplo, que un hombre subordinado en el trabajo sea dominante en el sexo…

Puede ser que el comportamiento fuera de la cama sea todo lo contrario a dentro de ella. Por ejemplo, un sujeto puede ser temeroso en el trabajo y en las relaciones interpersonales. Pero cuando lo vemos actuar en la cama, sobre todo después de un tiempo de relación y cuando haya entrado en confianza, ahí puede mostrar un gran despliegue sexual.

¿Algo así ocurre con las prácticas sadomasoquistas?

Cuando hablamos de sadomasoquismo hablamos de un estilo de personalidad, sádica, que es más cruel, que tiende a hacer daño y a provocar humillación en el otro. Y, por otro lado, las personalidades masoquistas que tienden a ser más sumisas y a disfrutar cuando el otro las humilla. Es un comportamiento sexual: uno que avergüenza al otro y el otro que siente placer al ser humillado.

Si vamos a tomar un café con un hombre, ¿podemos anticipar cómo va a ser en la cama?

En algunos casos sí y en otros no. Hay algunos indicadores que están en los hombres. Por ejemplo, en los sujetos solitarios, los desconfiados y los extravagantes, es muy posible que así como se muestran en el café se muestren en la cama.

En esa primera charla, ¿las mujeres tienen muchas ilusiones y fantasías?

La mujer se puede hacer la idea, la ilusión, y quedar seducida por ese comportamiento extraño que tiene el hombre. Pero no es un comportamiento extraño, es su forma de ser. Que un hombre se presente diciendo que le gusta la soledad, la sensibilidad, su mundo interno y se recluye escuchando música, para una mujer puede resultar interesante. “¿Qué tipo de hombre es este que me muestra un mundo que no es común en los hombres?”, se preguntará. Entonces puede resultar un misterioso y ser un desafío por conocer. Y, sin embargo, no está pintando una mirada del mundo bohemia o filosófica. Es su forma de ser.

¿Ese tipo de hombre va a ser el más romántico?

En algunos casos puede ser el mas romántico y en otros casos puede ser muy torpe. Porque estos hombres solitarios al no tener tanto roce social no conocen las reglas de cortejo. Algunos quizás han aprendido del romanticismo, poco a poco, sobre todo de su grupo de amigos “de toda la vida” o del trabajo.

¿La manera de besar y acariciar pueden ser signos de cómo será el sexo? 

Puede ser un indicio. Por ejemplo, el hombre desconfiado ya muestra su desconfianza en la mesa de café. El hombre obsesivo también muestra su obsesividad desde el primer encuentro: va a reclamar puntualidad con el horario, va a tener cierta formalidad en su manera de conquistar, va a tomar el café de una forma medida… Hasta se mide el “cincuenta y cincuenta” que hay que pagar después de tomar el café.

¿Es cierto que si besa lindo es buen amante? 

Puede ser, el beso es un indicador de entrega. Puede dar una idea de cómo se va a entregar en la cama. Si sentimos que ese beso tiene un contenido, que hay una intención, un halo de afecto y de romanticismo, es muy posible que después exista entrega en un ámbito más erótico-sexual.

¿Y si el beso no nos gusta?

Hay personalidades, como los obsesivos y los solitarios, que tienen más torpeza para besar. Dan un beso formal, programado y frío. Es el beso del tímido, un hombre que está temblando o se sonroja. Nos está indicando que hay temor, pero ese miedo puede irse. Podemos generar una situación de confianza para que el hombre retraído se relaje y pueda brindarse.

COMPATIBILIDADES

¿Las mujeres se tienen que adaptar a lo que ellos hacen?  ¿O deben tener su propia actitud?

La mujer no se tiene que adaptar. Si se encuentra con un hombre tímido, si ella toma la iniciativa en pos de ayudar al otro, va a ser bienvenido porque va a contribuir a que el hombre se relaje. Así, el sujeto tímido va a encontrar un espacio de entrega y se va a poder brindar. De esa manera, van a desarrollar un lindo encuentro.

¿Y con los hombres súper experimentados?

Ese es el tema. Los hombres astutos son los que quieren dominar. Yo les digo “fálico-astutos” porque son los que piensan: “yo tengo el pene y soy el que domina la situación”. Estos sujetos van a querer llevar las riendas del encuentro. Si la mujer es activa, se van a sentir molestos y van a tratar de que no muestre lo que tiene que mostrar. Son hombres que quieren manejar la situación.

Y en ese caso, ¿qué hacemos?

Algunas mujeres se sienten a gusto con estos hombres que llevan la delantera,  que proponen, que hacen cosas y que logran hacerlas gozar porque ellos dominan y ellas están sometidas a esa situación. Pero hay mujeres a las que no les gusta: ellas quieren participar, tienen muchas cosas por hacer y muchas cosas por pedir. Tienen toda una erótica por desarrollar y con estos hombres no van a encontrar un camino para hacerlo.

Es como una guerra…

Sí, es como una guerra y una competencia. Se lucha y hay una búsqueda de paridad: “bueno, si vos propones esto entonces yo propongo otra cosa”. En realidad, esa competencia debería ser saludable: “bueno, yo te brindo esto, entonces vos brindame tal cosa”. No debería ser competencia, sino reciprocidad, un ida y vuelta. En cambio, cuando los roles se estereotipan se vuelven rígidos: uno siempre domina y el otro siempre se somete.

Si un hombre quiere probarlo todo, ¿lo tenemos que satisfacer?

Hay toda una cuestión de creencias, de factores socioculturales y de mitos que intervienen en el comportamiento sexual. Esto se da, por ejemplo, con el sexo anal. Un hombre que gusta del sexo anal es un hombre que intenta dominar a la mujer. Para la mujer, a veces es un juego sucio o es una conducta de una prostituta.

…Y no lo es…

Para nada. Son creencias que sacan al sexo anal de ser una postura más dentro del juego erótico. Si esto se juega, si es un “vos dominas y yo me dejo”, entonces puede ser muy placentero. Pero siempre y cuando exista un acuerdo y se den las medidas necesarias para que no sea doloroso. Si es parte de un juego, entonces va a haber un cuidado.

HUIDIZOS vs EL PADRE PERFECTO

En la cama, ¿podemos descubrir cosas de los hombres? Si son fieles, si son huidizos, si da para un noviazgo…

Sí, por qué no. Insisto en los hombres más tímidos porque en ellos el miedo se interpone, pero realmente quieren mostrar todas sus capacidades, todo lo que tienen para dar. Entonces, cuando vencen el miedo, muestran lo mejor de sí. Me parece que, entre todas las personalidades, cuando aparece el temor es un buen indicador. Porque está indicando que hay pudor y que ese individuo no puede entregarse, pero lo está intentando hacer.

¿Y conviene alejarse del que “se las sabe todas”?

Cuando un hombre se muestra muy seguro, muy dominante, muy expansivo, me parece que hay que dudar un poco. Conviene alejarse de tanta seguridad, de tanta convicción: “yo se esto, aprendí aquello, mirá todo lo que tengo para vos”. De ese sujeto conviene alejarse porque seguramente quiere atrapar a la mujer, a la víctima de su seducción y, después, adiós. Ese tipo de hombres conquista para reforzar su virilidad, para decir que su virilidad está intacta.  En cambio, el temeroso está para mostrar lo que tiene para la mujer; se está mostrando, en realidad, como un antihéroe.

¿SANTITA O ATREVIDA?

Durante la primera vez con un hombre, ¿qué esperan de nosotras? ¿Hay que ser conservadora y guardar cosas para después?

Hay cierto machismo y cierta conducta pasiva en muchas mujeres que no se animan a decir o no se animan a pedir porque temen ser tomadas por muy experimentadas. Hay muchas creencias y preconceptos que aún se interponen en la relación e impiden la entrega y el disfrute. Yo considero que lo mejor es la libertad.

¿Cómo sería esa libertad?

Hay que romper con las estructuras y dejar de estar pensando en lo que podría pensar el otro. Me parece que hay que liberarse. Todo encuentro sexual tiene que ser placentero, ese tiene que ser el objetivo. No hay que minimizar los encuentros sexuales, hay que darles el valor que tienen como expresión de libertad y de disfrute. También de singularidad, porque cada uno expresa su sexualidad como cada uno es. Somos únicos, entonces nuestra sexualidad también debería ser única. “Esta es mi manera de brindarme sexualmente, yo me respeto y vos deberías respetarme también”. La misma idea debería servir para los primeros encuentros y también para los sucesivos.

Entonces, ¿no hay ser más osadas con el paso del tiempo?

Hay que diferenciar la etapa de conquista de la etapa posterior que hace al compromiso de la pareja. Durante la conquista van a aparecer una de las dos grandes formas de presentación: o la del temor o la de dominación. Después viene el compromiso de sostener juntos la sexualidad. Pero ahí ya aparecen otros componentes que tienen que ver con la responsabilidad, el compromiso y el trabajo placentero para poder enriquecer día a día el vínculo. Ese trabajo no es un gran hecho, sino mínimas satisfacciones.

Pero también aparecen nuevos pedidos, nuevas fantasías…

Y a eso también hay que darle curso. El campo de la fantasía es tan diverso que ayuda a una relación. Hay que compartir las fantasías y verbalizarlas. También cumplirlas, siempre y cuando exista un acuerdo entre los dos. Por ejemplo, traer a una tercera persona o hacer un intercambio de parejas. ¿Por qué no? Si existe acuerdo, todo es posible entre personas adultas. Pero que después no haya reproches: “vos trajiste a alguien más y mirá lo que pasó…” La responsabilidad es compartida.

EN SÍNTESIS

¿Cómo aprovechar su personalidad en la cama y mejorar nuestros encuentros sexuales?

Primero hay que pensar en la singularidad, en que la sexualidad es única. A pesar de que haya parámetros generales de comportamiento, la forma en que cada uno desarrolla su sexualidad y su erótica es personal. Así como somos únicos en todas las áreas de nuestra vida, ¿por qué no serlo con nuestra sexualidad? Debemos ser congruentes con esto: nuestra sexualidad nos tiene que expresar a nosotros. Cuando sentimos que no nos expresa, porque estamos “comprando” un estándar de sexualidad de afuera, haciendo lo que nos dicen que tenemos que hacer, entonces no hay congruencia. Hay que empezar a derribar mitos, construcciones y cosas que ya no nos sirven. La libertad es un valor humano y en la sexualidad tiene que estar. La cama es un espacio para el juego, para complementarnos y para compartir. Tenemos que aprender a ser libres.

12 ESTILOS DE AMANTES

El doctor Walter Ghedin describe las personalidades de los hombres en la cama y nos dice cómo mejorar el contacto:

  1. Solitario: indiferente, retraído y enigmático. Qué hacer: incorporar recursos nuevos, pedir y dar placer.
  2. Excéntrico: distante, místico y al borde de la locura. Qué hacer: avanzar intentando ser audaz.
  3. Desconfiado: está a la defensiva y preparado para cualquier amenaza. Qué hacer: brindar lo mejor de una y potenciar la ternura.
  4. Expansivo: inmaduro, seductor y muy sociable. Qué hacer: no subestimar las capacidades innatas, aprender a pedir y a recibir.
  5. Vanidoso: seductor y egocéntrico, es un “dandy”. Qué hacer: mostrar nuestra verdadera imagen y no la que se corresponda con ese hombre.
  6. Inestable: impulsivo, peleador y amenazante. Qué hacer: estabilizar el estado de ánimo y reducir la tensión.
  7. Astuto: siempre busca los beneficios del afuera. Qué hacer: contactarse mediante  el encanto y ser en la cama una verdadera dama.
  8. Temeroso: inseguro, vulnerable y fantasioso. Qué hacer: aumentar la confianza personal y revertir el aislamiento social.
  9. Sumiso: siempre busca complacer a los demás. Qué hacer: ayudarlo a relajarse y a encontrar su propio deseo.
  10. Obstinado: sarcástico, irónico y ordenado. Qué hacer: ayudarlo a evaluar los pros y contras de sus pensamientos.
  11. Resentido: se queja de todo y nada le viene bien. Qué hacer: pensar en el “aquí y ahora” y aprender a reírse juntos.
  12. Sufrido: tiene una mala visión de sí mismo. Qué hacer: decirle que el placer y el dolor forma parte de la vida de toda persona.

TIPS PARA EL BUEN SEXO

-         En la cama concéntrate en el placer y deja de pensar si estás haciendo lo que tu compañero quiere que hagas.

-         El teléfono no tiene sexo. No sirve pensar que el hombre es el que debe llamar. No convertir un llamado en un rodeo.

-         No esperar a que el otro toque lo que nos gusta. Nuestras manos también son guías.

-         Atrévase a proponer o elegir el lugar. “Esta vez me toca decidir a mi”. No sucumbir o dejarse llevar por la seguridad (real o aparente) del otro.

-         No use patrones o supuestos para valorar a las personas. Cada relación es un mundo a descubrir.

-         Todo el tiempo que le dedique al juego previo será en beneficio del mutuo placer.

-         Si se animas a hablar de sus fantasías, no se prive de hacerlo. Si el otro pone reparos, limítese a jugar con ellas en su cabeza.

-         No atenerse a inhibiciones o a esperar la “luna en Venus” para hacer el amor. Avance intentando ser audaz. La retracción nunca será buena aliada.

-         Aprenda que la única manera de acercarse al otro es estar atento al otro.

-         Acepte que la sexualidad no debe estar atada a ninguna norma, más que el acuerdo y respeto mutuo entre sujetos adultos.

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