Cómo vencer el temor a los chequeos ginécológicos

julio 16, 2012
Above view of sleeping beautyful brunet girl

Existen mujeres de más de treinta años que nunca realizaron exámenes ginecológicos como el Papanicolaou,la Colposcopíao Ecografías transvaginales, siendo tan importantes en la prevención de enfermedades. Algunas de ellas tampoco pueden tolerar la penetración en las relaciones sexuales, otras sí, pero no soportan la idea del examen médico. ¿A qué se debe esta situación? Las respuestas, a continuación.

Hoy en día muchas mujeres evitan los chequeos ginecológicos,  a pesar de la abundante información acerca de los beneficios que tienen estos estudios a la hora de prevenir o tratar a tiempo enfermedades, entre ellas el cáncer. ¿Por qué actúan así? Consultamos a la doctora Beatriz Literat.

¿Por qué motivo una mujer no realiza exámenes ginecológicos?

La mayoría presenta un cuadro de mucho temor hacia lo que suponen como doloroso y hasta traumático: el sólo hecho de que la ginecóloga les proponga un examen como la colposcopía puede hacer que la paciente presente una crisis de ansiedad con palpitaciones, le baje la presión o simplemente se niegue a hacerlo preguntando si existen otras opciones. Muchas de ellas son mujeres que tampoco tienen relaciones sexuales con penetración pero otras sólo le temen al examen médico.

¿Qué hace la ginecóloga en esta situación?

En primera instancia le explica todo el procedimiento a la paciente para informarla y calmar su ansiedad. Puede indicarle algún medicamento ansiolítico y también puede sustituir ese tipo de examen por otro, como por ejemplo, la toma de Pap a través de un hisopo pequeño, pero con éste no se puede llegar a un diagnóstico como si el examen fuera completo.

¿Qué debe hacer la mujer en estos casos?

Muchas veces el profesional le indica una consulta con un sexólogo cuando detecta un vaginismo, una fobia u otro problema que en la consulta ginecológica no puede resolverse.

Lamentablemente, otras veces no se hace la derivación, por lo cual la misma paciente se encuentra ante la situación de no saber qué hacer. Una consulta sexológica, o no se le ocurre, o la imagina también traumática y vergonzosa, por lo cual deja pasar el tiempo y la situación puede permanecer sin resolverse.

¿Por qué es necesaria la derivación a un sexólogo?

Porque el problema está dentro de la paciente, en su cabeza y en la conexión cerebro-muscular que ha creado reflejos condicionados de temor. Lo que se hace en las consultas es descondicionar esos reflejos y ayudar a reestablecer los reflejos fisiológicos. En primer lugar, la paciente tiene que saber que el sexólogo no va a tocarla.

¿Por qué se evita este tipo de consulta?

La falta de seguridad y de confianza en sí misma es lo que ocasiona una sensación de desprotección en la persona, al verse expuesta a un examen ginecológico.

Por otro lado, la prevalencia del miedo y la desconfianza tiene directa relación en el hecho de que muchas personas no consideran a sus problemas sexuales como temas de salud. Existe aún el mito de que el conocimiento sexual es algo que “se trae de nacimiento” y que la lectura o consulta con  el médico sexólogo es algo inusual, vergonzante, casi marginal. A veces los pacientes temen compartir una situación tan íntima con alguien desconocido que pueda aconsejarlos mal, confundirlos, provocar la disolución de la pareja o que les diga que su problema no tiene solución.

Cuando se deriva a una consulta sexólogica

¿Cuáles son los temores más frecuentes al consultar a un sexólogo?

Una situación muy común en la consulta sexológica es el sentimiento ambivalente que se produce al solicitar el turno por primera vez.

Aparecen pensamientos contradictorios como “necesito consultar pero tengo miedo a lo que me diga el profesional”, “¿y si espero más tiempo a ver si esto se cura solo?”.

Son razonamientos paralizantes que hacen que se demore en solicitar un turno con el especialista o que se  cancele una vez pedido.

¿Qué suele ocurrir en la primera consulta?   

En el transcurso de la primera consulta los pacientes señalan la diferencia entre lo que ellos creían y lo que realmente ocurre. Muchos expresan su alivio al poder despejar dudas, tabúes y miedos sin fundamento; también se permiten desahogar la frustración de haber sufrido sin perspectivas de solución durante mucho tiempo. Habitualmente surge el comentario “¡no puedo creer que yo haya postergado durante meses, por temor, esta oportunidad de solución y alivio”.

Los tratamientos indicados

¿Cómo se supera el temor a los chequeos?

Utilizamos ejercicios físicos que la paciente realiza sola en su casa, le damos información acerca de su anatomía,  fisiología y función sexual, a través de diferentes recursos sencillos y utilizamos técnicas psicoterapéuticas cognitivo comportamentales, entre otras, para modificar las creencias arraigadas equivocadas, por otras más realistas.

¿A qué se refiere con más realistas?

Las pacientes deben dejar de sentirse potenciales víctimas de sufrimiento y daño corporal por acción de otros y volverse seguras en el control de sus cuerpos, y de las situaciones que tienen que ver con otras personas. Tienen que poder ver a su ginecóloga y hacerse los exámenes sin temor, y saber que ellas mismas colaborarán en los procedimientos y eso, precisamente, es lo que aleja la posibilidad de sensaciones dolorosas o molestas. Por ejemplo, la paciente aprende a realizar por si misma el procedimiento de una ecografía transvaginal y eso le causa gracia y calma su ansiedad, porque la situación ya no tiene secretos para ella, lo cual la hace sentirse poderosa y en control frente a su médico y no una víctima  sometida dentro del consultorio.

¿Y en las relaciones sexuales?

Sucede igual, en lugar de esperar algo desagradable, incómodo o incluso sentirse lastimadas por su pareja, ellas mismas aprenden a manejar sus cuerpos y los de sus compañeros para sentirse en control y buscar sus sensaciones placenteras en forma activa durante la relación sexual con penetración. También aprenden a comunicarse y dialogar mejor con la pareja para que su compañero se vuelva un aliado de esta nueva actitud.

¿Cuánto tiempo puede durar un tratamiento con estas características?

Entre cinco y diez consultas por lo general; como profesional, realmente siento una gran satisfacción cuando terminan los tratamientos y veo a las mujeres alcanzar una vida normal en el cuidado de su salud y en su vida de pareja.

¿Qué perspectivas ofrecen los tratamientos sexológicos?

Hoy en día existen recursos para dar solución a más del 90% de los problemas sexuales. A esto debe agregarse que muchos trastornos persisten en el tiempo por falta de educación y desconocimiento de la fisiología propia y del compañero y ni siquiera tienen la categoría de enfermedades.

Por qué son importantes los exámenes ginecológicos

El seguimiento ginecológico es fundamental para diagnosticar cualquier tipo de enfermedad en la zona vaginal.

Papanicolau (PAP)

Detecta en forma temprana alteraciones del cuello del útero, que pueden llegar a convertirse en cáncer. No duele para nada ni es riesgoso, los médicos lo recomiendan a partir del inicio de las relaciones sexuales, una vez por año.

Colposcopía

Es la observación de los órganos genitales, la vagina y el cuello del útero, a través de un microscopio. Controla la aparición de HPV (Virus del Papiloma Humano) y de lesiones en esta zona.

Ecografía transvaginal

Permite mejorar la visualización del ovario y del endometrio. Es muy bueno en los casos en que no se puede palpar el ovario con claridad, como en el caso de las personas obesas.

Mamografía

Permite ver anomalías en los senos. Se practica en tan sólo unos minutos y diagnostica cualquier patología que pueda asociarse al cáncer.

Autoexploración mamaria: realizar una vez por mes

Para examinar la mama derecha, acuéstese boca arriba y coloque la mano derecha detrás de la cabeza; con la mano izquierda presione firmemente haciendo movimientos pequeños. Luego, de pie, examine la axila pues el tejido mamario se extiende hasta esta área. Presione suavemente los pezones y verifique si hay secreción. Repita el proceso en la mama izquierda. Luego, párese frente al espejo con los brazos a los lados, y mire en busca de cambios en la textura. Cualquier alteración, consulte a su ginecóloga/o.

Asesoramiento: Doctora Delia Ameghino. Médica ginecóloga

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