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¿Cuáles son las preguntas más frecuentes al sexólogo? (Parte Dos)

marzo 27, 2012

 Leer la primera parte de la entrevista

¿Y fantasías con el terapeuta?

Y sí…es un riesgo que corremos los terapeutas con pacientes que en realidad rondan en lo perverso. Nos ponen en un lugar del “saber”, que llega a ser muy codiciado por los pacientes. Y a tal punto estamos en ese lugar, que podemos saber lo que ni ellos mismos saben de ellos. Entonces intentan por distintos medios llevarte a la transgresión y moverte de tu rol. Tuve el caso de una paciente mujer que quiso de alguna manera seducirme. Y ahí lo que debo analizar es cuál es la situación real que la lleva a esto. El espectro es amplio, pero en general se relaciona con los vínculos de cada individuo, que se representan en la personalidad del terapeuta y se reviven y repiten en esta relación.

¿Cuáles son los cuestionamientos en cuanto a la “rutina sexual”?

La consulta más natural en lo que respecta a la rutina sexual, es la pérdida de deseo. El paciente me dice “ya no deseo, ya no sé lo que me pasa”. Y habla de la angustia que esto produce. Aquí lo que hay que hacer es un diagnóstico para saber si esta rutina o falta de deseo tiene que ver con algo relativo a la pareja, o con una patología clínica que esté encubierta. Si se determina que esta pareja está pasando por una transición de rutina, sufrimiento, de no buscarse ni provocar situaciones de intimidad, hay que trabajar para recuperar la intimidad de la pareja.

¿Cómo se trabaja?

Indicando tareas prácticas para que esta pareja realice en sus momentos íntimos, para despertar el deseo a través de indicarles según cada problema ejercicios que tiendan a estimular o motivar, rompiendo con la rutina y el aburrimiento que apresa a las parejas que han dejado de jugar roles, de dedicarse tiempo, de enfrentarse a las situaciones que cambiaron las condiciones, que vuelven la intimidad una obligación una tarea sin creatividad.

¿Qué es lo que más te plantean los hombres en cuanto a este punto?

Hay hombres que se sienten rechazados y excluidos por sus mujeres. O en donde se dan cuenta que las mujeres no los desean, que la buscan en la cama y la mujer siempre tiene excusas para decir “no puedo”. Y el hombre al principio tiende a ceder. Pero en determinado momento empiezan a experimentar situaciones extramatrimoniales, y este es el punto en donde llegan a la terapia. Hay muchos hombres que vienen a consultar por su mujer. Y llegan diciendo “Ella perdió el deseo sexual”. Y ahí se preguntan qué le puede estar pasando, o tienen la fantasía propia de que quizá hay algo que en el amor, ellos lo desenvuelven mal, o no son amantes perfectos. Y esto les toca el narcisismo, y aparece la ruptura de la pareja.

¿Y las mujeres?

Las mujeres no vienen tanto a consultar sobre la pérdida de deseo sexual del marido, sino sobre su propia pérdida de deseo sexual: “No sé lo que me pasa, no quiero que me toque, lo rechazo”. Y se angustian porque sienten que ellas no eran así, y que querían tener sexo todo el tiempo. Y aquí surge el tema de la rutina, de las cosas que no le pueden pedir o contar a su pareja: que jueguen más, que las toquen más, que les den más tiempo.

¿Y que consultas hay en torno a lo que son las relaciones tóxicas?

Esa es de las grandes consultas que tengo en el consultorio. Se trata de parejas que siguen permaneciendo en una historia que les hace mal desde todos los terrenos que se puedan compartir. Y se siguen eligiendo. Es como un masoquismo de quedarse, el temor a la soledad. Dicen: “Prefiero elegir esto para no quedarme solo”. Se estancan en parejas donde no pasa nada sexualmente, por comodidad. O porque tienen una disfunción sexual y entonces cambiar de pareja los haría sentirse muy expuestos.

Usted decía al principio que muchos pacientes cuentan sus cosas  para lograr “el permiso del terapeuta”… ¿Frente a qué cuestiones sucede esto?

Frente a un deseo que puede ser heterosexual u homosexual. En donde se preguntan si está mal que tengan deseo por tal persona. O que si hayan tenido una fantasía erótica con alguien del mismo sexo significa que tienen una desviación sexual. O el permiso a la infidelidad, o a empezar a disfrutar y sentir el orgasmo y utilizar juguetes (tanto con la pareja como solos/as), o pacientes que se enamoran de alguien menor de edad.

¿Y qué diferencias hay entre hombres y mujeres a la hora de hablar de lo que buscan en el sexo?

En esta época es como que los hombres se volvieron como más afeminados. Entonces sienten que lo sexualizado, lo promiscuo, lo más perverso, lo que en alguna época fue más satisfactorio, hoy en día forma parte de la prostitución. Y ellos quieren amor en su casa. No les interesa tener una sexualidad bárbara, sino buscar una mujer como más inmaculada, más afectuosa y dedicada, menos independiente en lo que respecta al ámbito de la intimidad. Hubo un cambio muy importante: antes el hombre se iba de la casa y dejaba a su mujer de 20 años de casados porque tenía una sexualidad espectacular con una chica que había conocido. Hoy en día es como que los empezó a atemorizar ese despertar sexual de las mujeres y esta forma de liberación femenina. Eso los volvió fóbicos.

¿Y las mujeres?

La mujer está en pos de “ahora lo único que quiero es liberarme sexualmente y utilizar todos mis mecanismos defensivos para no sufrir frente al abandono del hombre”. Entonces ahora sienten que son ellas las que ponen pautas, y a las que no les importa disfrutar si al otro día no las llaman. La idea sería “Soy yo la que te digo cuál es mi tiempo para dedicarte”. Como una especie de ser desarraigado del amor, que intenta colocarse una coraza y disfrutar de los placeres que les proporcionan los cambios y el abandono de mitos arcaicos. La mujer pasó a ser como una especie de independiente del amor.

¿Y lo soportan a eso? Porque después se quejan de que “no hay hombres y están solas”…

Eso depende de las edades. Una chica que tiene 36/37 años empieza a angustiarse por el reloj biológico porque no fue todavía mamá, empieza a cambiar un poco esta situación. Pero veo que a los 22/23 no les importa nada. Sienten que tienen toda la vida por delante y lo único que quieren es disfrutar, sentir placer, gozar, aumentar su ego. Pero llega un momento en donde la angustia que provoca esta situación de estar sola, lleva a tener mucha necesidad de encontrar una pareja. Y quieren “atrapar” hombres para casarse, tener hijos etcétera, y eso en realidad, aparta a los hombres. Y después está la mujer liberada de 40 años, divorciada que tuvo hijos y un marido, y hoy quiere un amante. Hoy solo quiere ser mimada, amada, contenida y disfrutar de su cuerpo.

Finalmente licenciada, ¿Cuáles son las preguntas más frecuentes del paciente al sexólogo?

Voy a cerrar con algo que no se consulta y es cuando uno vive una sexualidad amorosa y plena. El hecho de tener una relación sexual amorosa, es una de las satisfacciones más grandes e intensas. Es esencial tener sexo con amor. Hay algo que llamamos química y que es muy especial. Siempre gana y pesa más, el sexo con amor. Este es el sexo que repara, el sexo productivo. Uno se siente sano, goza de salud cuando su sexualidad es amorosa, plena y estamos con la persona que amamos. Y aquí no hay cuestionamientos.

CASO 1: “Pérdida del deseo”

Muchos varones anulan la posibilidad de educarse cada día más sexualmente, o de indagar acerca de cuales serían los complementos necesarios para que su pareja disfrute.

Una paciente contaba la sensación que tenía cuando su pareja buscaba su propia satisfacción y se olvidaba de concentrarse en el arte amatorio, cuando lograba eyacular se daba vuelta y dormía. Ella se quedaba con su deseo insatisfecho y sufría en silencio su angustia acumulada por la tensión de la inhibición de descarga.

El deseo debe alimentarse día a día en una pareja. ¿Algunos consejos? Fomentar la fantasía, utilizar juguetes, cambiar el ambiente, usar esencias aromatizantes, aceites y otras variables del estilo, cambiar de roles, caricias, besos, darle importancia a la seducción como herramienta principal para provocar al otro, disponer de tiempo para el encuentro, el diálogo y la comunicación, que suele ser la vitamina que permite fortalecer los lazos. Pero además, poder entender cuáles son las dificultades, las cosas que cada uno desearía experimentar, que cuando no se hablan pasan al terreno de lo desconocido o de lo bloqueado.

CASO 2: Caso del paciente que encuentra a su pareja con la mejor amiga.

Nuestra sociedad está acostumbrada a ciertas situaciones que rigen las normas, como la infidelidad con otra persona del mismo sexo de la víctima de engaño. Sin embargo, algunas situaciones provocan cierto grado de paralización. Y una de ellas es el caso de un hombre que encontró a su pareja con la mejor amiga en la cama. Aquí no solo la traición produce un fuerte golpe, sino el hecho de aceptar que la compañera elegida era homosexual. Este paciente sufrió una decepción muy grande, una sensación que era imposible de transmitir. El paciente duda en ese momento de su propia percepción y se auto-castiga por haberse dejado engañar, se siente usado ya que si la elección sexual era otra, simplemente fue elegido para disfrazar algo que sea aprobado por la sociedad. Aquí se juega también un tema de la propia identidad, donde el paciente se plantea algunas liberalidades que su mujer no ha querido ejecutar en el terreno amoroso con él, pero sin embargo en el contacto con el mismo sexo lo vuelve factible, como es el sexo anal. La competencia, la rivalidad, la envidia, la sensación de ser el tercero excluido provocan una intensa angustia, que se expresa en la necesidad de hallar una respuesta.

Estos son hechos que creemos no ocurren cotidianamente, sin embargo suceden aunque no sean visibles, creíbles, esperables y que se desconozca la forma de reaccionar frente a una situación que atenta no solo contra la autoestima sino con la confianza.

 

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