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¿Cuáles son las preguntas más frecuentes al sexólogo? (Parte Uno)

marzo 27, 2012

Reportaje a Sandra Lustgarten, psicóloga y sexóloga. Autora del libro “Desnúdate conmigo”.

Las dudas y cuestionamientos acerca de la propia sexualidad son de lo más variados. En esta nota, Sandra Lustgarten nos acerca al diván, y cuenta cuáles son las preguntas más frecuentes que se realizan en una terapia sexológica. Además, muestra cómo estos interrogantes van mutando de acuerdo a cada época, y cómo la posibilidad de dar curso a las fantasías y la necesidad de cuestionarse viejos preceptos, abren una historia diferente del sexo.

Licenciada, ¿Cuáles son las preguntas más frecuentes de los pacientes al sexólogo?

En terapia, los pacientes abren su intimidad con mucho esfuerzo. A veces no reconocen que tienen un problema y llegan con cualquier excusa que intenta confundir al profesional, cuando la cuestión es otra. Pero luego, en sus relatos se desnudan contando desde lo obsceno hasta lo más promiscuo, a veces de manera de aclarar su identificación sexual, otras para lograr un permiso, y también para -y en forma casi huidiza-, aceptar alguna enfermedad. Lo que el paciente hace es desnudar su intimidad con el terapeuta. Por eso, el título de mi último libro: “Desnúdate conmigo”.

¿Qué es lo primero que plantea el paciente?

Los planteos son muchísimos: confesar la infidelidad, los sentimientos intensos de traición o culpa que los llevan a imponerse castigos exponiendo el propio cuerpo, el temor a perder valores, la inseguridad, la falta de autoestima, la imposibilidad de disfrutar del sexo, o la problemática acerca de temer por su propia identificación sexual. Muchos descargan fantasías sexuales y/o homosexuales, algunas llevadas a cabo, y otras que quedan en el inconciente manifestándose como deseos reprimidos. Pero por sobre todo, en esta época la vedette del momento es la necesidad de transgredir cánones sociales.

¿A qué se refiere con eso?

Al desacato de la norma establecida por una sociedad que preserva en rigor la diferencia entre los sexos: el prototipo del auténtico “macho”, con los permisos que este género acepta, y la debilidad de la hembra respecto a la libertad de acción. De esta forma, se vuelve inaceptable que la mujer desacate la norma. La liberación femenina vendría a ser una falta de respeto, catalogaría a la mujer como fácil o promiscua y de difícil elección para establecer una relación estable. Lo que pierde objetividad si pensamos que el hombre de alguna forma llevó a la mujer a que tenga ciertas obligaciones en lo referente a la economía familiar y colabore con él.

¿Cómo es la primera consulta de una persona?

La mayoría llega dudando de si es el lugar adecuado para resolver sus temores. No siempre se acercan planteando una cuestión o un problema que los perturba en lo personal. Muchas veces recurren a excusas, o dicen que el problema lo tiene el otro. También hay casos derivados de médicos clínicos que han fundamentado un síntoma como de índole psicológico, o para acompañar el tratamiento clínico frente a la resistencia del paciente de entregarse a la cura.

¿Y cómo influyen los cambios sociales, de época, culturales, en los interrogantes de los pacientes hacia su sexólogo/a?

Por un lado tenemos pacientes que hablan de familias muy represoras con respecto a la sexualidad, pero que a su vez están inmersos en una sociedad que invita a probar y experimentar cosas nuevas. Entonces realmente se hace incompatible una cosa con la otra. Hoy, a diferencia de años atrás en donde la mujer no se preguntaba tanto si disfrutaba o no del sexo, porque sólo se pensaba que ella debía satisfacer al marido, hay mujeres que consultan porque nunca vivieron un orgasmo con su pareja por ejemplo. Entonces vienen a consultar ¿Qué tengo que hacer? ¿Tengo que ser infiel?

¿Y qué tienen que hacer?

Cuando no encuentran la satisfacción o sienten que entran en una apatía sexual, entonces trabajamos aquellas cuestiones de las que no se hablan, como es la educación sexual recibida, los mitos, los mensajes que dejaron cierta impronta que inhiben la satisfacción y la posibilidad de liberarse sexualmente. Muchas personas llegan a la consulta porque temen por el fracaso de la pareja. Actualmente la identificación sexual es un tema recurrente, y las distintas alternativas desbordan sugiriendo aquello que antes no estaba a la vista. De esta forma encuentran una manera de mejorar la calidad sexual, de estimular el deseo, o de intensificar la satisfacción.

¿Cómo surge esta idea en la mujer, de ser infiel?

Uno de los casos que cuento en el libro es de una mujer que decía que había comenzado a sentir que no disfrutaba con su marido, que siempre se había quedado enajenada a cumplir con sus tareas, cuidar los chicos, y que si hablaba del tema tenía miedo que el otro se sintiera mal. Y durante mucho tiempo vivió en una burbuja, sin querer hacer nada por el cambio. Se angustiaba, lloraba. Hasta que en determinado momento algo marcó un corte, y fue infiel. Y acá hay que tener en cuenta que hoy es más común la infidelidad femenina, ya que la mujer está continuamente seducida por los hombres.

¿Y ahí decidió probar?

Ahí hubo un hombre que la invitó a la transgresión. Y en realidad ella se lo planteó más que nada como “lo hago una vez nada más; quiero ver qué me pasa, por qué no gozo, por qué no disfruto con mi marido”. Y entonces transgredió todos los valores. Y le sucedió que realmente gozó junto a otra persona, disfrutó y la pasó bárbaro. Y cuando llegó al consultorio, la paciente manifestó que había descubierto sus posibilidades de disfrute y por sobre todo, que se percibía sana.

Un cambio muy grande en los sentimientos y lugar de la mujer…

En la actualidad la mujer se plantea acerca de todas sus posibilidades amatorias, se anima y arriesga. Ha dejado de influenciarse por las etiquetas o por las calificaciones injuriosas, en pos de encontrar una manera diferente de disfrutar del sexo sin culpas. Muy distinto a lo que sucedía años atrás en donde la mujer solo pensaba en la idea de cumplir con los roles impuestos por la sociedad: realizarse como madre a través de la reproducción, y poder satisfacer a su marido de un modo sumiso.

¿Qué buscaba esta mujer en la consulta?

Lo que yo le pregunté fue: ¿Vos querés que yo te ayude a saber qué es lo que te pasa con tu pareja que entraron en una rutina amorosa? Y me contestó: “No, yo no quiero cambiar nada de lo que tengo ahora. Yo quiero tener mi amante y a mi marido. Porque en realidad me gustan los dos. Y lo que no quiero es sentirme culpable…”. Y esta es una demanda un poco imposible, porque la culpa es personalizada. Acá la mujer siente que logró una satisfacción que durante años tuvo reprimida, y que en realidad no quiere cambiar la situación del marido, la casa, los hijos. Pero desea seguir teniendo a su amante.

¿Entonces la consulta cuál es en este tipo de casos?

Este es un tema interesante. Porque en general, la consulta no es cómo dejar de ser infiel, o cómo separarse del marido y buscar al hombre que las haga felices y gozar de su sexualidad, sino, que es: “¿Cómo hago para no sentirme culpable, y para seguir encubriendo mis infidelidades?”.

Licenciada, ¿Qué otros interrogantes son comunes en la terapia?

Otra cuestión también bastante interesante, es el tema de la consulta por adicciones sexuales. Y el dato a tener en cuenta en estos casos, es que el sexo se confunde con amor. Entonces como lo hace el adicto a la comida, al alcohol etcétera…, el adicto sexual tiene sexo pensando que de esa manera se completa con amor. Y lo hacen con cualquier persona, sin cuidarse. Llegan al consultorio cuando ven que están poniendo en riesgo todo (al igual que el adicto al juego, el alcohólico y demás)  y no tienen criterio para medir esos riesgos.

¿Qué tipo de riesgos?

Esto se vuelve tan obsesivo, que los pacientes se dan cuenta que por momentos corre peligro su vida. Y no porque se vayan a enfermar de algo (porque tampoco se cuidan), sino por casos extremos de hacer cosas muy peligrosas como tener sexo en un balcón y darse cuenta que por ahí se hubieran podido caer para el otro lado, y que la situación se les fue de las manos. Aquí no hay registro de nada.

¿Tiene algún caso que recuerde?

Yo relato siempre una situación vivida por una paciente en donde realmente la compulsión fue tan grande, que la llevó a tener relaciones en el garage de un supermercado. Y vivió una situación horrible, en donde se metió con cualquiera en este lugar, y vio amenazada su vida e integridad física. Entonces, lo que vemos en estos casos es cómo uno pierde realmente el registro de todo, o la toma de conciencia y el alerta de los peligros. La compulsión es tan fuerte que todo lo que vaya a ser una situación de peligro no importa. Y aquí llegan a la consulta; cuando reconocen el límite de la propia vida.

¿Y las fantasías sexuales? ¿Qué es lo que más se consulta?

En realidad las fantasías son ricas para el sexo. Lo que hacen es enriquecer, y te hacen viajar a descubrir otros placeres. Y obviamente existen fantasías que en una pareja son constructivas del amor, y otras que en realidad tienden a la destrucción. Y aquí la confusión de la gente –que los trae a la consulta-, es preguntarse por ejemplo: “Tengo fantasías de que estoy con otro hombre mientras estoy con mi marido, ¿Lo estoy engañando?”. O varones que dicen que tienen que pensar en otra mujer cuando están con la suya.

¿Y cómo interviene ahí?

Yo en realidad les doy permiso a que dejen transitar la fantasía. Porque en realidad es algo propio de cada uno. ¿Qué sería lo destructivo? Utilizar la fantasía para dañar a otro. Pero mientras yo me guarde la fantasía dentro de mi mundo interno, está todo perfecto. Después aparece el otro plano que es el de llevar la fantasía al mundo de lo concreto.

¿Y qué pasa cuando la llevan a la realidad?

Ahí viene el temor a que ¿Y ahora que hago que ya llevé la fantasía a la realidad? ¿En qué voy a pensar? O el arrepentimiento por haber sido infiel. Entonces deben sobrevivir a esa fantasía concretada en la realidad. También hay casos en donde se concretan fantasías de la pareja (estar de a tres o con una amiga, etcétera), y luego vienen las preguntas acerca de ¿Qué va a pasar ahora con nuestra pareja? ¿Y si ahora le gusta más la otra? Siempre existen riesgos en todas las decisiones, algunas parejas más fortalecidas en otros aspectos pueden transitar de otra manera los cambios. Pero aparecen siempre fantasmas cuando se desconocen las probabilidades de resultados; el miedo atrapa en estas situaciones, paraliza por la ansiedad que genera cualquier situación nueva y desconocida.

Seguir leyendo la segunda parte de la entrevista

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