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Cuando la relación sexual no es placentera en la pareja

marzo 10, 2015

Intimidad, pasión y compromiso, esos son los tres elementos fundamentales de la pareja. Si falla alguno de ellos es posible que desaparezca el placer en el encuentro sexual. Nos asesora la Lic Boschi.

Bien podría enunciar el tema buscando los posibles motivos de la insatisfacción sexual.

En tal caso el título sería “¿Cuándo la relación sexual no es placentera en la pareja?”

Estaría buscando causas, no soluciones, como propone el enunciado inicial.

Comencemos por el principio.

Cuando la relación sexual no es placentera en la pareja, la persona que está más insatisfecha, podría conversarlo, o quejarse, o acusar de poco interés a la otra persona, o tal vez pensar que su pareja encontró a alguien con quien se siente bien sexualmente y que la abandona por otra.

Opciones posibles que puede emprender

Puede consultar a la tarotista, al médico, a la psicóloga, a la sexóloga, a la terapeuta de pareja.

Puede rezar al santo de las uniones amorosas. Puede hacer dieta, deprimirse, embellecerse o caer en miles de artificios que provee la sociedad actual. Guías espirituales, religiosos, spa. Todo es válido para clarificar su mente.

Existe la posibilidad de que compre o lea libros de sexólogos mediáticos, o que busque por Internet todo lo que se refiere a la sexualidad humana.

¿Cuál de estas opciones es prioritaria?

  1. Primer paso: Conversar con su pareja. Para no ver fantasmas donde no los hay. Cerciórese de no estar inventando situaciones.

Plantee en qué no está satisfecha: si es porque él le parece más distante, o si el fuego que alimentó los primeros tiempos de la pasión ya desaparecieron y eso le otorga un aire de velorio al momento de mayor cercanía corporal.

Pero, más allá de que imagine hechos de infidelidad o de desinterés que no existen entre ambos, la relación es eso: una relación, un vínculo íntimo de responsabilidad compartida.

  1. Segundo paso: Hablen juntos de su vínculo, con alguien que les resulte un interlocutor válido, en quien depositen toda su confianza y que no esté impregnado con ideas condenatorias. Que conozca del alma (mente y cuerpo) humanos. Y en particular, de sexualidad.
  2. Tercer paso: Medite cada uno si puede cambiar o aprender algo de la situación de insatisfacción que vive.

¿Es usted una persona insatisfecha en otros ámbitos, con otras personas, con su vida, o todo le va bien salvo en la relación sexual con su pareja?

¿Sabe compartir, modificar las dificultades que se le ofrecen en la intimidad?

¿Está dispuesta a meterse en los vericuetos de su cuerpo, en las vicisitudes e indeterminaciones del cuerpo del otro?

La sexualidad perfecta a la que tal vez usted aspira, es un universo exigente (aparte de que no existe). Si se vuelve intolerante con ella, tendrá que investigar, probar, explorar. Esa sexualidad no es espontánea. Si quiere una sexualidad con reciprocidad, deberá aprender en el mapa de su cuerpo y en el del cuerpo de su pareja qué resortes disparan cada acción amorosa.

Los sistemas del placer

Cualquier Manual de Sexología señala los elementos que deben funcionar armoniosamente para conseguir esa relación de excelencia a la que usted aspira:

  • El cerebro sexual, cuya conducción nerviosa lleva las sensaciones sensoriales a los órganos sexuales para excitarlos.
  • El sistema circulatorio, que provee de sangre a los órganos efectores del placer.
  • El sistema psicológico, que da permisos, inhibe o permite que la excitación crezca
  • El sistema endocrino, que segrega las hormonas del placer, del apego, del deseo.
  • El sistema social, que favorece o restringe las conductas de los protagonistas de la escena amorosa.

Si mínimamente estos factores se conjugan, el placer está asegurado. Pero hay que multiplicarlo por los dos que componen la pareja. Ahora sí, podemos preguntarnos…

¿Cuándo la relación sexual no es placentera en la pareja?

Reúno varias de las situaciones del consultorio:

  • Cuando uno de los dos deposita su autoestima en la relación sexual mucho más que el otro. Su pareja accede al coito, pero no le es tan indispensable tener relaciones sexuales; lo hace a veces para que la otra persona no piense que no la quiere.
  • Cuando los tiempos en la frecuencia sexual (él quiere todos los días, ella una vez a la semana) es distinta y esa diferencia se vive como una exclusión de la intimidad y no como modalidades superables hablándolas y concediendo uno y otra.
  • Cuando existe un secreto en la pareja, que uno o ambos ignoran, pero que pesa en el inconsciente; por ejemplo: si se trata de un secreto existencial que gira en torno a la propia identidad o a la historia de los propios progenitores (hijos extramatrimoniales, padres incestuosos). Aquí la sexualidad está vandalizada y es necesario aclararla en una terapia individual o de pareja. A veces, si ello es posible, hasta en sesiones de familia.
  • Si él o ella tienen poca constancia para experimentar la convivencia les resultará difícil esta forma particular de cercanía que es la intimidad sexual, siempre cambiante, nunca repetida. Se trata de personas particularmente ansiosas y distraídas, ajenas a las sensaciones de su cuerpo.
  • En caso de que él o ella se obsesionen por aspectos de la vida en los que se juega su autoestima: (profesión, dinero, hijos, prestigio social, higiene), el obsesionado distrae parte de sus energías en esferas que exigen un aspecto parcializado de su personalidad y relegan la práctica afectiva, que es necesaria para que la pareja se sienta querida y deseada.
  • Hay situaciones en las que las parejas adolescentes de ensayo y error prometieron que la relación sería para siempre pero maduraron de tal manera que cada uno descubrió otro universo sexual. Lamentan que se equivocaron. Pero no hay vuelta atrás pues ya tienen hijos que los transforman en adultos responsables, cuando todavía están aprendiendo a vivir y a aceptar la existencia del otro. Necesitan Educación Sexual para padres, para que sus hijos, cuando lleguen a jóvenes, no repitan sus errores.

EN CONCLUSIÓN

  • Dicen los expertos en terapia de pareja que estos tres requisitos definirían un buen vínculo: intimidad, pasión y compromiso.
  • Estos elementos implican que la otra persona nos interesa como ser humano, que deseamos lo mejor para ella, que nos atrae, que su cuerpo es un vehículo de amor para nosotras y que nos sentimos responsables por ese ser que amamos.
  • Hemos visto que no es tan fácil conseguir todo esto porque cada cual es hijo de su historia personal.
  • Acudiremos a la comunicación verbal como instrumento esclarecedor para acercarnos a quien amamos.
  • Seamos conscientes de nuestras limitaciones, aunque siempre podemos aprender y progresar en el camino del placer sexual si consideramos que la relación sexual no es un deporte para conseguir medallas, sino un momento para sentirnos bien, y se produce con comodidad cuando establecimos un vínculo amoroso.

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