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Cuencos tibetanos: Sonidos que curan

marzo 17, 2015

Estas antiguas herramientas rituales se usan actualmente como instrumento musical que favorece la relajación del cuerpo y la meditación. Sus vibraciones se aplican como terapia para reequilibrar la energía vital.

También llamados cantores, el origen de los cuencos tibetanos es tan antiguo como incierto, se estima que son un legado de la religión chamánica Bon, que existía en el Tíbet varios siglos antes de la llegada del budismo. Se cree que se los usaba para ofrendas durante los rituales. Los sagrados cantores siempre estuvieron rodeados de leyendas, algunos mitos narran que fueron inicialmente construidos con metales de meteoritos encontrados en las cimas de la cordillera del Himalaya. Misterios muy bien guardados por los monjes budistas quienes ante la pregunta del porqué de su utilización, contestaban que eran simples utensilios para comer. Aunque hoy día su uso ya no es tan difundido en el Tíbet sí lo es en otras partes del mundo. Las claves de su excelsa fabricación y los efectos de su aplicación en prácticas meditativas y sanadoras son ya conocidas en Occidente.

¿Cómo actúan?

La cimática, que es el estudio de la forma visible del sonido y la vibración, demuestra que cualquier sonido cercano al organismo humano originará un cambio físico en su interior y en sus campos electromagnéticos. El médico suizo Hans Jenny (1904-1972) fue pionero en esta rama de la ciencia que estudia el fenómeno de las ondas.

El alto contenido de agua de nuestros tejidos corporales es también un excelente medio para transmitir las ondas vibratorias del sonido generando una reacción expansiva como la que se origina cuando arrojamos una piedra al agua. Gracias a este principio de resonancia, en el que se basa toda terapia mediante sonido, los cuencos producen un masaje vibratorio.

Este principio de resonancia designa la capacidad expansiva de la vibración provocando una vibración similar en otro cuerpo. Cada molécula, célula, tejido, órgano, glándula, hueso y fluido de nuestros cuerpos tiene su propio índice de vibración. Lo mismo ocurre con cada chakra y cada estrato de campo electromagnético, o aura. Mediante el empleo regular del sonido (mantras, cuencos, música) combinado con la intención, podemos comenzar a vibrar, a nivel celular o molecular, de manera más rápida. Al aumentar la velocidad de rotación de los átomos en el cuerpo físico, entonces todo nuestro cuerpo comienza a elevar su vibración y así, se inicia un proceso de desbloqueo en el plano mental, emocional y energético.

LOS BENEFICIOS

  • Alivio del estrés y la ansiedad.
  • Mejora de la concentración.
  • Mejora de la creatividad.
  • Mejora de la visión (física, mental y espiritual).
  • Equilibrio de los hemisferios cerebrales.
  • Restablecimiento del equilibrio del sistema endocrino mediante la vibración de la hipófisis o pituitaria.
  • Alivio de la sinusitis y los dolores de cabeza.
  • Estímulo de la actividad de las ondas alfa o meditación profunda.
  • Aumento de la energía por medio de la estimulación del líquido cefalorraquídeo (posiblemente la forma física de la energía kundalini).
  • Equilibrio y limpieza de los chakras y del aura (y los órganos y glándulas correspondientes).
  • Limpieza del entorno.
  • Fácil acceso a la intuición y a estados de conciencia amplios.
  • Desbloqueos emocionales y energéticos.

TIPOS DE CUENCOS

Los cuencos llamados tibetanos son de metal, originalmente forjados de manera artesanal, con una aleación de siete metales: plata, oro, mercurio, estaño, plomo, cobre y hierro. Esta combinación brinda sonidos muy particulares y armoniosos.

En la actualidad, todavía existen cuencos hechos a mano con la antigua técnica del recocido; y otros están hechos con torno, una forma más industrializada que se emplea fundamentalmente en Nepal. Se los fabrica a partir de una aleación de bronce acústico, es decir, cobre y estaño, a la que se suele añadir los otros cinco metales en proporciones más pequeñas. Sin embargo, para abaratar los costos de producción, algunos fabricantes añaden plomo o cambian el estaño por el zinc, lo cual deteriora la calidad del sonido y el hilo de la tradición artesanal del instrumento.

Los cuencos se fabrican en diferentes tamaños y grosores, desde 10 cm de diámetro para los sonidos más agudos, hasta 30 cm de diámetro para los más graves. Su peso puede oscilar entre los 100 g hasta los 5 kg. Cada uno posee un sonido fundamental, y de él se desprenden otros tonos, más altos y más bajos, que guardan una relación o proporción armónica con el tono fundamental. La vibración es tan alta que perdura en el ambiente y en los cuerpos incluso luego de un rato, cuando el oído humano ya no puede percibir el sonido.

La mayoría de los cuencos son dorados protegidos a veces por una capa exterior de barniz negro mate. Los cuencos antiguos pueden tener algunas marcas de paso del tiempo como una ligera oxidación, pero aún así conservan la calidad del sonido.

Muchas veces los cuencos reciben su nombre en función de la procedencia, como sucede, por ejemplo, con los cuencos Bengal. Otros, reciben su nombre por alguna característica física del cuenco, como los Tadopati, que significa base plana.

El consejo para elegirlos es solicitar una aleación de metales nobles (cobre y estaño), en las proporciones originales, una parte de estaño por tres de cobre, para que resulte bronce acústico. Y evitar los de aleación latón que liga el cobre con zinc y/o plomo en lugar de estaño.

Los mazos o baquetas son los palos que se usan para golpear el cuenco, generalmente de madera recubiertos con fieltro, cuero o lana. El tamaño del mazo depende del cuenco que se vaya a golpear. Un mazo grande producirá toda la riqueza de sonido de un cuenco grande, mientras que es preferible utilizar mazos pequeños para cuencos más reducidos. De hecho, se pueden utilizar mazos diferentes con un solo cuenco para obtener diferentes efectos.

Cómo se tocan

Los cuencos son frotados, percutidos con las manos o tocados con una baqueta. El cuenco debe estar apoyado o sujeto sólo por su base. Puede apoyarse sobre un almohadón, una alfombra, moqueta blanda, etc. Cuanto menos ocupe su zona de apoyo, mayor facilidad tendrá el sonido para expandirse. El cuenco tiene su punto de resonancia cero, es decir, un lugar donde no vibra en absoluto y que suele estar en la zona central de su base. Si lo sujetamos con la mano ésta se debe dejar completamente plana, o bien juntar las yemas de los dedos y apoyar el centro de la base del cuenco sobre ellas. Una vez que el cuenco está bien asentado, se emplean alguna de las siguientes técnicas para generar sonido y vibración:

  • Sonido por percusión. Se usa el mazo, los dedos o el puño. El material con el que se bate el cuenco, la fuerza que se emplea así como el lugar del golpe, es lo que determina el sonido que se genera.
  • Sonido por fricción. Se frota el borde del metal con la baqueta, al ir aumentando la presión y la velocidad sobre el mismo, crece el sonido y la frecuencia. Hay que controlar la presión y la velocidad, ya que llega un momento en que el cuenco vibra demasiado y puede emitir chirridos. Hay que tener paciencia hasta encontrar el juego de muñeca adecuado.

Dentro de la amplia gama de sonidos que se pueden extraer de los cuencos, se distingue el silbido o ulular del delfín. Para conseguirlo, se llena la base del cuenco con agua (de 2 a 5 cm). Luego se golpea ligeramente el borde con la baqueta y mientras resuena el cuenco, se lo mueve circularmente en la mano haciendo que el agua cambie de posición en su interior. El sonido comenzará a ulular o silbar de manera parecida a como lo hacen los delfines cuando se comunican entre ellos bajo el agua.

La experiencia de hacer sonar varios cuencos simultáneamente es también muy especial. Los armónicos de unos y otros van chocando y generan un caleidoscopio sonoro muy atractivo. Conviene que estén de alguna forma relacionados, bien por su timbre, por su nota o por su contraste.

PARA QUÉ SE USAN

  • MEDITACIÓN Y RELAJACIÓN

Los cuencos tibetanos durante la práctica de meditación son una herramienta que ayuda a llegar más rápidamente tanto a una relajación general del cuerpo como a un estado modificado de la conciencia. Al igual que los mantras, el sonido de los cuencos sincroniza las longitudes de onda cerebrales en ondas alfa (de 8 a 13 Hz) propias de los estados de ensoñación y relajación profunda, y en ondas zeta (de 4 a 7 Hz) presentes en estados de meditación profunda y sueño. Estos ritmos son propios del hemisferio cerebral derecho.

Para lograr este efecto se debe adoptar una actitud receptiva a través de ejercicios previos de respiración y relajación. El sonido de los cuencos maneja un código universal, un “idioma” que el cuerpo y la mente reconocen y entienden, que envuelve y penetra sutilmente nuestras moléculas, llevando a la expansión de la conciencia. Muchas personas coinciden en describir el estado que se alcanza dejándose llevar por este sonido como una vuelta al hogar donde reina una sensación de paz absoluta.

El sonido debe permanecer largo tiempo hasta que sutilmente desaparezca en el vacío. Debe ser bello y profundo, y perfectamente audible. Se valora que el cuenco dé una nota musical exacta. Al golpearlo, la vibración debe ser fácilmente perceptible si se acerca la mano al cuenco.

  • USOS TERAPÉUTICOS

Los cuencos son usados por terapeutas capacitados en esta técnica para balancear los chakras o centros energéticos del cuerpo. La persona sentada o recostada es alcanzada por la vibración de los cuencos que pueden estar a una distancia prudencial o bien apoyados sobre zonas específicas del cuerpo. De acuerdo al tamaño se aplican para:

  • Cuencos pequeños: se usan para balancear los chakras superiores: 5, 6 y 7. En el campo emocional promueven la imaginación, creatividad y espontaneidad.
  • Cuencos medianos: están indicados para balancear los chacras medios: 3 y 4. Abren los chakras del amor y el altruismo.
  • Cuencos grandes: están especialmente indicados para balancear chacras inferiores (1 y 2). Psicológicamente sujetan a la tierra y fomentan nuestras raíces humanas. También se pueden emplear para dar masajes terapéuticos aplicándolos directamente en contracturas o zonas doloridas.

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