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Discusión y reconciliación en la vida de pareja

noviembre 24, 2009

Salvo raras excepciones, hombres y mujeres tienen una forma muy diferente de enfocar la reconciliación luego de una pelea.

Es muy común que sean ellos los que intenten buscar un acercamiento a través del sexo, pensando que si hacen el amor, todo volverá a su sitio.

Para la mayoría de las mujeres el sexo sólo es satisfactorio si existe una buena relación de pareja previa. Ellas prefieren hablar del porqué del conflicto e intentar comprender al otro y ser comprendidas para llegar a un acuerdo a través del diálogo.

Ocurre que muchos hombres tienen dificultad para expresar sus sentimientos, tienen un falso orgullo, una impronta cultural muy marcada. En cambio, las mujeres suelen tener mayor facilidad para expresar tanto gestual como verbalmente lo que sienten.

El sexo no arregla todo

Cualquiera fuera el caso, hay que tener en cuenta que el sexo no es una pócima mágica capaz de borrar de golpe las heridas, enojo y resentimiento. Sólo puede bajar el nivel de ansiedad, algo así como parar la marcha de la pelea y poner paños fríos; pero, por supuesto que esto no es una solución definitiva.

En toda pareja existen problemas y diferencias, pero la manera más saludable de resolverlos no es, de ninguna manera, atribuirle al sexo poderes que no tiene.

Satisfacción = Postergación

  • No existe ninguna relación sexual que pueda sanar heridas de una manera real y profunda. Esa satisfacción que se siente no es más que una postergación. Es como un reloj de arena: se acumula y se acumula resentimiento, hasta que finalmente desencadena en un problema mucho mayor, incluso la separación.
  • Hacer el amor para reconciliarse, sin haber analizado y discutido racionalmente los problemas, genera una ilusión pasajera, pues se presume que “lo malo ya pasó” sin evaluar objetivamente las razones del conflicto.
  • Es una clara evasión de problemas, que, si se repite cotidianamente, refleja una deficiencia en la pareja, la falta de comunicación y de honestidad. Lo más recomendable es que, después de un conflicto y antes de pasar al dormitorio, la pareja intente hablar y averiguar por qué se pelea. Sólo entonces estarán listos para la reconciliación por medio del acto sexual.

La pelea como estímulo para la pasión

  • Podemos encontrarnos con aquellas parejas que utilizan los conflictos para tener una sexualidad plena.
  • Estas pueden ser relaciones desgastadas por el tiempo y la rutina, o vínculos que por pérdida de atracción, buscan el enojo y la ira para luego hacer el amor de una forma más pasional y con mayor excitación.
  • Es muy común escuchar el comentario “estábamos en el medio de una fuerte pelea, hasta que empezamos a hacer el amor y se nos pasó el enojo”. Seguramente será un encuentro por demás apasionado, pero sólo es aconsejable si, antes se puede llegar a un acuerdo verbal. Caso contrario, es muy probable que toda esa pasión desaparezca en el mismo momento que termina el acto sexual.
  • Cuando existen conflictos conyugales, es recomendable postergar los placeres sexuales, entretanto, se aclaran y se resuelven las diferencias. A veces el problema puede ser otro y utilizar este mecanismo podría encubrir el verdadero conflicto. Hay que estar atentos a si existe rechazo de uno de los miembros  de la pareja, porque puede traducirse en una clara señal de atención y solicitud de cambios en la relación.
  • Hay miles de parejas que se sostienen sólo porque comparten juntos una excelente vida sexual, pero eso no es más que una carta de defunción sin fecha exacta. Es inevitable que esa relación llegue en cualquier momento a su fin. Nada puede mantenerse cuando no hay un entendimiento parejo en todos los aspectos, no sólo en uno.
  • Lo ideal es ser sinceros con nosotros mismos primero y con nuestra pareja después. Reflexionar siempre antes de actuar y no dejarse llevar por la ira. Así se podrán disminuir las peleas y se desarrollará un control sobre las emociones. Recién ahí estaremos listos para compartir una buena relación.

Buenas actitudes luego de una discusión

  • Dejar de lado el orgullo es una buena forma de dar el primer paso. No habrá pelea si uno de los dos no quiere, y aceptar eso es asumir parte de la responsabilidad.
  • Pedir perdón y saber perdonar es otra manera de propiciar un acercamiento. El temor a iniciar de nuevo la discusión o al rechazo no debe impedir el intento. Es mejor saber que se ha hecho todo lo posible para solucionarlo.
  • Dialogar es una verdadera muestra de afecto y de consideración, una llave al éxito para cualquier pareja. Igualdad, sinceridad y respeto son los elementos que hay que trabajar en conjunto para darles solución a los problemas
  • Aprender a escuchar: respetar el turno para hablar lleva a una discusión ordenada y a comprender qué es realmente lo que quiere el otro.
  • Reconocer sus méritos: no sólo hay que hablar de sus aspectos negativos. Seguramente el otro tiene muchas cosas buenas (por algo elegimos esta pareja). Por eso, tratar de recordarle alguno de sus aspectos positivos puede suavizar el nivel de discusión.
  • Practicar la reciprocidad para aceptar errores: prestar atención a las críticas de la pareja y, si están bien fundamentadas, no temer a aceptarlas es un paso seguro a la reconciliación. Debemos exigirle a nuestra pareja que tome la misma actitud

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