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Hígado graso

julio 9, 2012

En los últimos diez años, se posicionó como el principal motivo de consulta en hepatología. La esteatosis hepáica, conocida también como la enfermedad del hígado graso, se produce por la acumulación de grasas a nivel del hígado y es asintomática. Por eso es vital informarse y ante cualquier duda consultar a los especialistas.

La esteatosis hepática es una enfermedad caracterizada por el depósito inadecuado de grasa a nivel de las células que componen el hígado, en ausencia de un consumo significativo de alcohol. Es importante diferenciar lo que se denomina hígado graso no alcohólico de lo que es la enfermedad hepática por alcohol. Ésta última, puede dar una manifestación similar porque también favorece el depósito de grasa a nivel del hígado pero, obviamente, se produce en un contexto totalmente diferente.

Cuando se habla del hígado graso no alcohólico, los profesionales reconocen un espectro de enfermedad que se divide en:

Esteatosis simple: cuando sólo se produce el depósito de grasa a nivel de las células del hígado.

Esteatohepatitis no alcohólica: donde la característica principal es que dicho depósito de grasa condiciona en el hígado una respuesta inflamatoria.

Cirrosis inducida por grasa: cuando la esteatohepatitis, anteriormente mencionada, puede llegar a evolucionar en algunos casos, muy seleccionados, a la cirrosis hepática, no teniendo vinculación con exposición a alcohol, ni tampoco relación con ningún virus de hepatitis, sino condicionada exclusivamente por una afectación metabólica.

Principales causas

• La enfermedad del hígado graso está íntimamente ligada a una condición clínica que los profesionales de la salud denominan “síndrome metabólico”. Se conoce con este nombre a toda una constelación de manifestaciones que conducen a un incremento del riesgo cardiovascular.

• Los dos condicionantes más importantes son: la obesidad y la diabetes del tipo 2, es decir, lo que antigua y erróneamente se conocía como diabetes del adulto.

• Otra causa puede ser la dislipidemia, en particular, en aquellos pacientes que padecen un incremento de los niveles circulantes de triglicéridos, aunque también existen causas menos frecuentes que tienen que ver con casos particulares.

Si no presenta síntomas: ¿cómo se puede advertir esta enfermedad?

Básicamente, se descubre por dos grandes vías:

Análisis clínicos periódicos: la mitad de los casos se advierten porque se pueden dar alteraciones de los valores normales del hígado y esto se ve cuando el paciente se hace un análisis o cuando el profesional mira un hepatograma.

Ecografía: ocurre cuando los pacientes se hacen una ecografía por dispepsia, dolor abdominal o cualquier otra afección y se encuentran con que el hígado tiene un brillo particular incrementado. Esto se conoce como hiperecogenicidad hepática y es un signo indirecto de que la carga grasa de ese hígado puede estar incrementada.

El paciente no va a percibir la esteatosis hepática por cansancio o por asco a las comidas, ni por ninguno de los síntomas con los que se vincula a las hepatitis de otro origen. Razón por la cual, es imprescindible que los chequeos médicos sean frecuentes para que el médico clínico esté atento a reconocer factores de riesgo, investigar el hígado y ver si el paciente está o no comprometido. Generalmente, es una enfermedad que puede pasar desapercibida hasta que se descubre en instancias muy avanzadas y en realidad, lo que se empiezan a manifestar son los síntomas de la evolución de la cirrosis.

Tratamiento

La clave fundamental pasa por el hecho de modificar los hábitos de vida. Los pacientes deben:

• Bajar de peso y regularizarlo.

• Adecuar su dieta.

• Mantener controlados los valores en sangre de azúcar, colesterol, triglicéridos, ácido úrico.

• Investigar que no haya ninguna disposición hormonal que pueda estar favoreciendo el desfasaje como por ejemplo: desordenes de la glándula tiroides.

• Apuntar a normalizar, globalmente, todos sus parámetros metabólicos.

• A veces, la dieta sola alcanza y otras, es necesario contar con algunos medicamentos que hagan al paciente más sensible a la insulina y mejoren el perfil de glucosa en sangre. También ha demostrado ser de utilidad el agregado en algunos casos de algunos productos antioxidantes, que modifican la respuesta del hígado a la inflamación, atenuando los efectos de dicha condición.

• Es muy beneficioso el efecto de la actividad física.

El paciente debe lograr introducir una cierta cuota de actividad en forma regular. Lo mínimo aconsejable es introducir un esquema de caminatas, tres veces a la semana, en forma ininterrumpida, a un buen ritmo y, minimamente, treinta a cuarenta minutos.

Pronóstico

Es importante diferenciar bien los casos, no es lo mismo un paciente que sufre esteatosis simple que aquel que padece esteatohepatitis porque el pronóstico de una con respecto a la otra es muy diferente.

Esteatosis simple: el paciente, probablemente, no va a tener, a lo largo de su vida, mayores complicaciones si apunta a corregir los factores de riesgo metabólico que le dieron origen. Si bien, es difícil que logre limpiar de grasa el hígado, lo más importante es que mantenga la enfermedad sin que avance hacia otras instancias.

Esteatohepatitis: es el que tiene mayor riesgo de evolucionar a formas crónicas de la enfermedad del hígado. Entonces, se sabe que si el paciente logra modificar su perfil metabólico con buenos hábitos, sumados o no a medicación, tiene la capacidad de frenar la inflamación evitando la formación de fibrosis, que no es otra cosa que el desarrollo de cicatrices a nivel del hígado, y de volver a un estado bastante parecido al de la esteatosis simple.

Claramente, si el paciente hace lo adecuado, tiene la capacidad de que la enfermedad no progrese, vuelva hacia atrás y no tenga un impacto negativo en su calidad de vida y en su tiempo de vida útil.

Consejos parala PREVENCIÓN

Menos grasas, menos proteínas y menos sal

• Mantener hábitos alimenticios saludables: disminuir el consumo de grasas, proteínas y sal a expensas de incrementar la carga de cereales, frutas y verduras. Los especialistas aseguran que, en distintas encuestas, se vé que el consumo de carnes es alto. Pese a un descenso discreto en los últimos años, sigue siendo muy elevado en comparación al consumo de frutas y verduras, un primer hábito que la sociedad, en general, debería apuntar a revertir.

• Aumentar la cuota de actividad física.

• Realizar consultas médicas periódicamente: aunque sea una vez por año, los exámenes deben estar adecuadamente controlados, de acuerdo al peso y su mantención.

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