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La Granada, su cultivo y propiedades

noviembre 25, 2009

Dentro de las semillas de la granada se encuentra un aceite vegetal muy apreciado para el cuidado de la piel madura. El aceite de las semillas de la granada es rico en sustancias antioxidantes y regeneradoras como los flavonoides y la vitamina E.  Estos antioxidantes atrapan los radicales libres en el tejido celular y frenan así el envejecimiento cutáneo. Los radicales libres son moléculas oxidantes y dañinas que tienen un efecto negativo en la célula. Cuanto más madura es la piel menos capacidad tiene de neutralizarlos por si misma. El aceite de la semilla de granada contiene además ácido punícico, una sustancia muy poco frecuente que regenera el tejido de la piel de forma natural.

Cada granada contiene entre 400 y 800 semillas. Los granados pueden vivir cientos de años y alcanzar cinco metros de altura. De hojas estrechas y flores rojo brillante, les gusta el suelo arenoso para crecer y los cambios extremos de temperatura propios de las montañas.

La granada es símbolo de la belleza y la femineidad en muchas culturas. De origen oriental, se cree que los fenicios la introdujeron en Europa durante las guerras púnicas, de ahí su nombre latino “punicum granatum”. Cultivada desde hace más de 5.000 años existen numerosas referencias a ella a lo largo de la historia.  En la mitología griega, Paris, hijo del rey de Troya, entrega una granada a Afrodita como muestra de su admiración. El Corán habla del granado como uno de los árboles del paraíso.

La cosecha se realiza cuando las granadas alcanzan su punto óptimo de maduración. Se recogen de forma manual. Se seleccionan, se lavan y se cortan. Se separan las jugosas semillas de la pulpa y se dejan secar. Una vez secas se extrae el aceite por primera presión en frío. En promedio se necesita media tonelada de granadas para obtener un litro de aceite de sus semillas.

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