La importancia del cuidado infantil temprano

noviembre 22, 2011
cuidado infantil

El cuidado infantil temprano, la crianza en la primera infancia o el concepto doméstico de la puericultura implica que los padres, o quienes cuidan al niño, puedan lograr que el crecimiento, la organización neuronal y la conducta alimentaria pueda expresarse en toda su potencialidad.

El concepto de puericultura resultaba quizá más familiar y práctico hace algunas décadas. Diferentes disciplinas o visiones han contribuido a generar volumen de conocimiento, gran parte del cual no ha sido traducido en consejos sencillos, pensados para quienes tienen la tarea cotidiana de criar un niño pequeño.

  • La palabra crianza tiene varias acepciones. Su significado en términos de alimentación, salud, educación y formación de la conducta es ampliamente aceptado. Sin embargo, su origen latino -creare- hace referencia a la “creación” de un nuevo individuo, lo que implica la garantía de las oportunidades para su óptimo desarrollo físico, cognitivo, social, afectivo y la imprescindible instalación de un ambiente cercano (familiar) que genere confianza y seguridad. Todo en su conjunto y articuladamente. De eso precisamente se trata el concepto de crianza o cuidados infantiles tempranos.
  • ¿Porqué “tempranos”? En la extensa expectativa de vida humana, que hoy se ha corrido prácticamente hasta los ochenta años, hay una ventana estratégica muy breve, que comprende desde los nueve meses del embarazo y los primeros dos o tres años de vida. En ese breve período suceden tres cuestiones que permiten entender mejor el concepto:
  • Cumplido el segundo año de vida, cualquier niño está en condiciones de alcanzar casi la mitad del crecimiento en altura que alcanzará en toda su vida.
  • En paralelo al crecimiento físico, se produce el desarrollo de un sinnúmero de funciones neurológicas y de organización de los estímulos (comprensión de palabras, gestos, coordinación muscular, equilibrio, etc.).
  • Por último, la capacidad del niño pequeño para diferenciar sabores, texturas, colores, gustos y disgustos de los alimentos y comidas, también se desarrolla en mayor medida en los primeros dos o tres años de vida.

La crianza en cuatro dimensiones

Los hitos del desarrollo infantil, evaluados en la consulta pediátrica para analizar el desarrollo del niño, constituyen el desafío de los padres para prodigar cuidados tempranos. La importancia de los mismos nos obliga a considerar cuatro dimensiones:

  1. Heredabilidad
  2. Integralidad
  3. Oportunidad
  4. Calidad.
  • Los estudios que han intentado establecer el grado de heredabilidad de la inteligencia coinciden en un valor cercano al 33% (mientras que algunos rasgos físicos tienen grados muchísimos más elevados). Los cuidados y el ambiente son los que determinan el 66% restante.
  •    Con respecto a la obesidad, principal preocupación de la nutrición infantil contemporánea, sucede otro tanto. Aún cuando no es lo mismo ser hijo de un solo progenitor obeso que de ambos progenitores obesos o de ninguno, la heredabilidad de la obesidad también es baja comparada con el efecto ambiental (en el que son significativas las experiencias y actitudes aprendidas en los primeros años).
  • A partir del nacimiento, la conducta alimentaria universalmente recomendada es la práctica de la lactancia materna, por sus múltiples ventajas nutricionales, inmunológicas y psicoafectivas, entre otras. Sin embargo, a partir del sexto mes de vida, la leche materna se muestra insuficiente para cubrir la recomendación de varios nutrientes, en especial el hierro.
  • Asimismo, si en la dieta del niño pequeño se introduce tempranamente papillas de baja calidad nutricional, sin el aporte suficiente de nutrientes, se incrementa el riesgo de carencias en lo que ya definimos como el momento de principal crecimiento (el más exigente) y desarrollo de funciones cognitivas. En esta etapa, algunos nutrientes son fundamentales para sostener el crecimiento (zinc por ejemplo), otros, el desarrollo cognitivo (hierro) o la respuesta inmunológica o resistencia a infecciones (vitamina A).

En síntesis, los cuidados prodigados a los niños pequeños deben ser múltiples e integrales, y deben favorecer el desarrollo de las funciones cognitivas (estímulos al niño pequeño), pero con atención a la demanda extraordinariamente elevada en materia de calidad de la dieta.

El campo de la neurobiología

Esta ciencia reconoce una estrecha asociación entre la actividad neuronal de un niño pequeño y el desarrollo definitivo de logros cognitivos o conductuales. Cuando un niño pequeño es estimulado -por una canción, la voz de los padres- su cerebro reconoce cada estímulo a través de una progresiva conectividad neuronal (sinapsis de neuronas que ganan en complejidad). De esta manera, el niño “aprende” a reconocer y querer esos estímulos, de manera progresiva (por repetición), en próximas ocasiones. Por el contrario, cuando el niño no es estimulado, pierde las neuronas o las conexiones “no utilizadas”.

Sin embargo, no es la cantidad de estímulos o cuidados que se prodiguen al niño lo que determina un mejor desarrollo, sino la calidad de los mismos.

LA OPINION DEL ESPECIALISTA

Prof. Lic. Sergio Britos

Nutricionista, con orientación en nutrición infantil

“Estimulación oportuna y de calidad, lactancia materna, introducción también oportuna de alimentos y comidas de buena calidad en sus nutrientes, cuidados en los controles básicos de salud y en el calendario de vacunaciones, ambiente seguro e higiénico, mucho amor y paciencia son los ingredientes del cuidado infantil temprano que nuestros hijos necesitan y que representa nuestro desafío como padres”.