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La vergüenza: Cómo evitar que afecte a la pareja

diciembre 11, 2015

Del cuerpo, del sexo, de la educación, del trabajo…se puede sentir verg|uenza de muchas cosas. Lo importante es superar ese sentimiento y evitar que afecte a la pareja.

El psiquiatra francés, Boris Cyrulnik, inspiró en mí la inquietud de cómo ayudar a la gente que siente vergüenza ante su pareja.

Y fueron las mismas parejas que consultaron por este tema, quienes confirmaron que para ellos la vergüenza es un serio problema de convivencia.

Vergüenza del cuerpo, de las funciones sexuales, de la personalidad, de la educación recibida, de las limitaciones económicas, del trabajo que realizan, de no estar a la moda, de su historia sexual… vergüenza de sentir vergüenza.

Nuestro planteo de la vergüenza se basará en lo que dice el autor Cyrulnik en esta frase en la que sintetiza el problema:

“Si queréis saber por qué no he dicho nada, bastará con averiguar lo que me ha forzado a callar”

(Cyrulnik, Boris. “Morirse de vergüenza”, Editorial Debate, Buenos Aires, 2011).

¿Qué es la vergüenza?

Por el daño que produce, la vergüenza podría describirse como un sentimiento tóxico ya que nos aísla de los seres amados.

La vivimos como un abuso en el alma sintiendo que no mereceríamos vivir sojuzgados por la supuesta condena de la mirada crítica de los otros.

Muchas veces nosotros mismos imaginamos que nos desprecian las personas emocionalmente significativas, como nuestra pareja.

Y esto nos inhibe de decir lo que pensamos, de mostrarnos corporalmente, de tener relaciones íntimas, de vivir felices y conformes con nosotros mismos.

¿Estos sentimientos son reversibles?

Afortunadamente tienen solución y pueden revertirse.

Pero requiere una firme determinación de quien los sufre para lograrlo y para entender que se basan en conductas que tienen orígenes remotos en nuestra infancia y que están reforzados por la sociedad en que vivimos.

La vergüenza a mostrar el cuerpo en la pareja.

La historia de la persona que teme ofrecerse a la mirada del otro, cuenta con una temprana represión infantil sobre el cuerpo, o sobre las exploraciones que hizo de su cuerpo cuando niña, buscando nuevas sensaciones. Una educación dogmática, apoyada por las creencias severas que piensan que el cuerpo es malo, feo y sucio, hace que la mujer no sienta orgullo al exhibirse sana en la integridad de su persona. En cuerpo y alma.

¿A qué responde esta devaluación de la propia imagen?

Muchas mujeres inhibidas en lo sexual, se comparan con las figuras de estrellas de moda de la TV, que muestran cuerpos esculturales. ¿Cómo van a poder competir ellas, con sus celulitis, sus pechos sin apoyo quirúrgico, con su sencillez de mujer común, dedicada al trabajo, a su profesión, a su familia, con poco tiempo para el cuidado de sí misma, con esas diosas del espectáculo?

Cuando la mujer evita mostrarse ante su pareja, se auto margina. Se castiga porque no responde a los mandatos de la sociedad competitiva que humilla a los cuerpos no reglamentados por la dieta, la cirugía, la actividad física rehabilitativa, y la posibilidad económica para combatir a los signos del tiempo. Y pierde la riqueza del amor y del erotismo en pareja.

¿Cómo se puede salir de la vergüenza corporal con la pareja?

Lo haremos con humor, desafiando a la coacción cultural que monta la impostura de crear vergüenza para manejar a la gente.

Juego para burlar a la vergüenza

La técnica de “la carta robada”, inspirada en el texto del psicoanalista Sigmund Freud.

Consiste en la idea de que para esconderse no hay nada mejor que ponerse bien a la vista. Confundirse con el entorno. La imprecisión entre figura y fondo me hará pasar de incógnita.

Por ejemplo: Para disimular mi dedo mayor del pie, mucho más largo que los otros, nada mejor que exhibirlo con sandalias o calzado abierto, para aparentar que no me importa la opinión de los demás. Llegará un momento, en que como realmente no me miran el dedo del pie más largo, ya no prestaré más atención a ese detalle. Algo semejante sucede con mostrarse desnudos en pareja.

Llega un momento en que la imagen se transforma en querida y habitual, y entonces no hay una evaluación crítica ni de los genitales ni de las formas corporales, como nos enseñan ciertos medios que tienen mentalidad de rematador de hacienda.

Todas las partes del cuerpo son amadas cuando la persona es amada.

¿De dónde provienen estas actitudes tan negativas?

Hay que decir que las personas que tienen una autoestima corporal baja o un yo no reconocido por sus figuras de crianza temprana, con gusto se harían invisibles. Quieren huir, no mostrarse.

No recibieron, posiblemente en la etapa formativa de su personalidad, el orgullo de ser quienes son, de parte de los adultos que los criaron.

A los padres hiperexigentes y severos se suma la presión social que busca que todos seamos parecidos, obedientes, bellos, buenos y felices. Sin molestar ni llamar la atención.

¿Cuál es la solución a esta inhibición corporal?

Hacerse y hacer preguntas a la pareja:

  • ¿Por qué desprecio mi cuerpo si es el instrumento aliado de mi mente con el que construyo y transcurro mi vida, el que comparte el espacio íntimo con la pareja?
  • ¿Qué me podría pasar si no gusto a mi pareja, si no aprueba mi ropa, si alguna parte de mi cuerpo no le gusta? ¿No estoy en igualdad de condiciones para aclararle que soy lo mejor que puedo ser, que estoy orgullosa de mí misma y que aceptarse en la pareja, es la base del entendimiento y de la comunicación humana? ¿Soy tan crítica con él como creo que él es conmigo? ¿Podremos hablarlo?

CONCLUSIÓN

La vergüenza se aprende. Y se aprende a partir del cuerpo. Por eso el cuerpo es nuestro aliado para desaprender la vergüenza. ¿Cómo se aprende a no tener vergüenza ante la pareja?

  • Desmitificando lo que nos enseñaron con severidad.
  • No es cierto que haya que ser perfecta física y psíquicamente para amar y ser amada.
  • No es cierto que tenga que avergonzarme del origen modesto de mi familia, porque ella no eligió ese origen, si no que le tocó en el reparto social. En cambio eligió trabajar en lugar de recibir ayuda sin realizar ningún esfuerzo personal.
  • Sin que nos paralice la vergüenza, debemos asumir los errores aprendidos en el pasado enfrentando nuestra responsabilidad para cambiarlos en el presente, siendo lo más felices posibles.
  • La vergüenza paraliza. Construyamos una representación positiva de nosotras mismas para corregir nuestra propia vida con humor, con estrategias de juego y con críticas a nuestros críticos, supuestos o reales.
  • Erijamos al cuerpo orgulloso de ser el portavoz de nuestra buena voluntad para vivir mejor.

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