Mecanismos de defensa: cuáles son y cómo funcionan

diciembre 31, 2010
Man shielding with hand

Son procesos inconcientes que nos defienden cuando no estamos preparados para aceptar la verdad. Tienen una desventaja: pueden afectar nuestra visión de la realidad.

DEFINICIÓN

Proceso mediante el cual la persona se protege psicológicamente de aquello que vive como una amenaza. Se caracteriza por ser un proceso inconsciente y por influir en la percepción de la realidad.

Los mecanismos de defensa son procesos inconscientes que nuestra mente dispara sin avisar, cuando una situación nos desborda. Si bien es posible reconocerlos y analizarlos, probablemente no advirtamos su presencia en el preciso momento en que se ponen en funcionamiento. Además, como se relacionan y se complementan, suelen aparecer unidos.

• Tienen una ventaja: nos defienden de lo que no podemos tolerar.

• Y una desventaja: pueden afectar nuestra impresión de la realidad.

CUÁNDO SE PONEN EN FUNCIONAMIENTO

• Se activan cuando sentimos angustia.

El sistema nervioso distingue nuestros sentimientos a través de receptores que viajan por todo el cuerpo y que se ocupan de informar nuestras sensaciones al cerebro. Cuando una sensación negativa es informada, la mente intenta eliminarla y nos hace reaccionar en consecuencia. Es su manera de defenderse frente al dolor.

• También cuando las presiones nos superan.

Las presiones provocan estados de gran ansiedad que se transitan con mucho esfuerzo. Para aliviar la tensión, se adoptan actitudes que pueden negar o falsear la realidad sin que nos demos cuenta. Son medidas que se toman inconscientemente.

• Se construyen a medida.

En nuestra manera de defendernos, hay una huella de nuestros padres, ya que tendemos a copiar sus procedimientos. Sin embargo, la forma en que se manifiesten nuestros propios mecanismos de defensa va a depender principalmente de las experiencias vividas. La propia infancia, el modo en que fuimos criados, los hechos que sentimos con mayor impacto y las personas que nos son significativas definen nuestra personalidad y también el modo en que el inconsciente va a movilizarse a través de los mecanismos de defensa, como una barrera frente al peligro.

• Influyen en nuestras decisiones.

A veces, lo que nos gusta hacer no coincide con nuestros patrones de conducta ni con lo que creemos que debemos hacer.  A medida que pasan los años -y las situaciones vividas- se van tejiendo en el inconsciente un conjunto de estrategias que se debaten entre el deber y el placer estableciendo lo que conscientemente podemos discernir de una situación en particular. Este tironeo -entre lo que queremos y lo que debemos- determina nuestra visión de los hechos e interviene en las decisiones que tomamos. Frente a una situación adversa, esta estrategia entra en funcionamiento y prepara un mecanismo de defensa que sirve de escudo.

• Funcionan como intermediarios de nuestras relaciones.

En más de una oportunidad, los deseos que se tienen son contrarios a los que la cultura o el medio impone. Los mecanismos de defensa nos ayudan a relacionarnos más equilibradamente con lo que nos rodea y con nosotros mismos. Intentan nivelar el desfasaje entre lo que se desea y lo que el medio dispone.

Los mecanismos de defensa más importantes

• Identificación: es una forma de enlace afectivo por el que se asumen características ajenas como propias. La identificación puede realizarse tanto con personas como con cosas. Puede influir en la forma de hablar de una persona, en las cosas que usa, lo que come, la ropa que viste o el peinado. Ejemplo: un joven que, al sentir admiración por Elvis Presley, se viste y se peina como él.

• Aislamiento: se aísla un proceder o pensamiento para que rompa sus conexiones afectivas con el conjunto de experiencias vividas. Aparece separado aquello que, en realidad, está unido. Surge ante experiencias frustrantes u ofensivas.

• Represión: mediante un esfuerzo continuo y permanente se anula un deseo hasta tal punto que se actúa como si no existiera. Aparece como defensa ante los recuerdos tormentosos o cuando se quieren evitar deseos peligrosos. Representa un constante gasto de energía.

• Formación reactiva: se actúa en forma opuesta a la deseada para evitar que salgan a la luz los verdaderos deseos. Muchas veces, esconde, tras una conducta ejemplar, una personalidad agresiva o moralmente inaceptable. Surge como defensa cuando una emoción se considera amenazante para uno mismo.

• Proyección: se deposita en otra persona aquello que se rechaza de uno mismo o se le atribuyen al otro los deseos que no se quieren reconocer como propios. Es una reacción que aparece en discusiones, cuando se hacen acusaciones o se le reprochan, a los demás, cuestiones que, en verdad, nos pertenecen.

• Negación: se niega la existencia de un deseo. Es una coraza que sirve para ignorar o desconocer realidades desafortunadas que afectan emocionalmente a quien las atraviesa.

• Introyección: es el proceso inverso al anterior, por el que se asimilan aspectos que provienen de otras personas o situaciones. Es una defensa frente a la desilusión. Cuando algo o alguien nos decepciona, se asume la culpa o responsabilidad de aquello que el otro no hizo o no tiene.

• Regresión: se actúa de manera infantil para que alguien tome nuestras responsabilidades y obligaciones. En presencia de fuertes presiones, se tienen actitudes que no coinciden con la etapa de desarrollo actual y se procede como cuando se era niño, ya que, así, se encuentra seguridad y tranquilidad, y se evaden los compromisos. Se vuelven a utilizar reglas de comportamiento ya superadas. Es posible que este mecanismo aparezca también cuando se presenta un conflicto que en el pasado quedó sin solución. Ejemplo: un niño que, por el nacimiento de su hermanito, vuelve a usar pañales.

• Racionalización: se buscan explicaciones racionales, coherentes y socialmente aceptadas de una actitud o sentimiento, para ocultar los motivos afectivos. Sirve cuando se quiere justificar una conducta o cuando las razones verdaderas ocasionan miedo, angustia o ansiedad. Ejemplo: una mujer cuyo marido la deja por otra y, al explicar los motivos de la separación, dice que él no sabía asumir compromisos y que no estaba preparado para una relación seria.

• Sublimación: se desplaza el deseo sexual hacia un nuevo fin no sexual que, en general, tiene que ver con el arte, la práctica religiosa o la investigación intelectual.  Se genera un cambio de dirección en las emociones que se perciben como desatinadas, hacia canales más aceptables.

Ejemplo: un artista que “se olvida” de su esposa y de alimentarse porque tiene que pintar. En vez de suspender su actividad para comer, dormir, estar con su pareja, etc., no sale de su taller.