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Miedo a no ser querido

diciembre 9, 2014

Consejos para superar el temor al rechazo ajeno.

En este número veremos una patología que puede afectar a personalidades inseguras y débiles. Las personas que lo padecen temen no ser aceptadas o queridas por los demás con lo cual o se obsesionan por agradar o, al contrario, se cierran sobre sí mismos restringiendo su círculo de amistades. Aquí, algunos consejos para advertir el problema y ayudar a quienes lo sufren.

A algunas personas les gustaría aprender a juzgar sus obras y acciones bajo sus propios parámetros, les gustaría no sentir un temor permanente e injustificado a perder sus  amistades; les gustaría no sentirse tan ajenos a las situaciones cotidianas. Sin embargo, no pueden evitarlo y sus deseos se enredan en el triste potencial: “me gustaría”.

Este tipo de personalidades establecen relaciones simbióticas con las personas de su entorno. Es decir que, al igual que en el reino animal, se asocian estrechamente con otro “organismo”  de modo tal que uno no puede vivir sin el otro. La diferencia es que, en el caso humano, no todos salen beneficiados.

La persona que teme no ser querida por los demás piensa que, de antemano, será reprobada y trasforma su vida en una evaluación constante que le impide expresar lo que piensa por miedo al “qué dirán”.

Todo empieza por casa

Antes de adentrarnos en la patología propiamente dicha es conveniente aclarar que el sentimiento de sí, también denominado autoestima, depende de tres factores:

1- El amor que los padres le han dado a la persona.

2- Los vínculos de amor y reconocimiento por parte de sus familiares, amistades, etcétera…

3- Los logros en el mundo.

Considerando las relaciones más cercanas de este tipo de personas, los especialistas concluyen que es posible que sus vínculos primarios (familiares) hayan sido frágiles, su vida afectiva pobre y sus relaciones laborales/ profesionales grises y sistemáticas.

El deber social

Hay dos ámbitos de la vida donde se produce el rechazo: el afectivo y el social. Ambos responden a niveles narcisistas debido a que el primero, más femenino, tiene que ver con el amor y, el segundo, más masculino, con el éxito.

En el caso de las mujeres, el miedo se vincula con el no ser amada lo cual corresponde al lugar social de inferioridad ligado a ella. Por su parte, los hombres sienten una gran aprehensión por no alcanzar el éxito, la fama y el dinero, un imperativo social que se ha ido construyendo en torno a la figura masculina con el correr del tiempo. En concordancia con lo que dijimos en el apartado anterior, estas imágenes se inculcan en la niñez y permanecen en la mente de todos los seres humanos, solo que a algunos les afecta más que a otros en su relación con los demás.

Excesiva atención o excesiva indiferencia

El hecho de vivir presos del miedo los hace estar pendientes de la mirada de los otros estableciendo vínculos narcisistas que giran exclusivamente respecto a qué piensa o qué pensará el otro de él (en verdad, se trata de un pensamiento propio puesto que jamás averiguan qué piensa efectivamente el otro).

De este modo, generan sentimientos persecutorios que incluyen el control y la observación constante de los otros o la profecía auto-cumplida: “Pienso que los demás no van a quererme entonces actúo de tal modo que al final sucede así”.

Consecuentemente, puede que se interesen en forma exagerada por los demás para agradar, ser recompensados y dignos de su aprobación. O, todo lo contrario, como sostienen que los demás no los aceptarán, no se esfuerzan por encajar, no interaccionan con el resto, son temerosos al contacto y evitan mostrarse, cultivando un bajo perfil.

Extraño en su propia tierra

Manifestándose de esta manera, las personas que padecen esta patología sufren algo similar al desarraigo: son como extranjeros que no terminan de ser aceptados por la comunidad que habitan.

Asimismo, al igual que un extraño desinteresado, los demás los miran con rechazo o pena con lo cual el trato entre iguales se dificulta.

Un final anunciado

Llega un momento en que la persona comienza a sentir que sus temores más grandes empiezan a cobrar forma. El aislamiento social y laboral: no progresa en su trabajo, el trato es siempre formal y burocrático y no lo invitan a reuniones o festejos privados.

Estas personas transitan su vida en forma aislada y son cuestionadas por su familia. Por ejemplo, es notorio como, con los hijos, se produce un circuito invertido, pues la persona busca el reconocimiento constante de ellos y no repara en utilizar cualquier recurso para llamar la atención y ocupar el centro de la escena, es como el niño grande de la casa.

Consejos para pensar a quién tememos y por qué

Como siempre decimos, cada patología se presenta en forma distinta en cada persona, por ello, ante estos síntomas, siempre conviene pedir ayuda profesional. El Dr. Carlos Pachuk considera que la terapia más acertada es la grupal debido a que en la comunicación con los otros integrantes, se hará evidente el problema. Aún así pueden darse algunos consejos para la vida diaria:

√ Aunque parezca un poco redundante, lo más importante (pero también lo más difícil) es admitir que se está atravesando por esta situación.

√ La familia puede ser quien primero advierta la patología, con lo cual debe cooperar. En principio, cada uno debe asumir el rol que esté asignado: no es el padre quien debe agradar al hijo.

√ El miedo a no ser querido tiene que ver con la no aceptación de la persona, por ello comenzar a valorar lo que hacemos sin miedo a lo que dirán los demás es un paso crucial en el desarrollo de la autoestima.

√ No temer a la soledad, la persona no se encontrará más acompañado si lo que busca es agradar todo el tiempo a los demás.

√ Concederse ciertas licencias. Aprender a expresar qué se quiere y actuar en consecuencia. Eso convertirá a la persona en alguien más asertivo y, como tal, será más valorada por los demás.

√ Lo conveniente es romper con la ecuación imaginaria aceptación-rechazo respecto a la relación con los demás y comenzar a tener en cuenta otros parámetros.

Para poner el práctica

A continuación, un pequeño ejercicio para reflexionar sobre quiénes tememos que no nos quieran y por qué.

a- Identifique las personas cuya aceptación es importante para usted. ¿Qué lugar ocupan en su vida? ¿Se trata de personas que, por su lugar social (padre-jefe), debe obedecer?

b- Describa cómo es su comportamiento cuando ellas están presentes y cuando se ausentan. ¿Con cuál se siente más a gusto?

c- Pruebe algún patrón de comportamiento alternativo la próxima vez que se encuentre con estas personas. ¿Qué consecuencias observa?

Asesoramiento:
Carlos Pachuk. Psicoanalista vincular.

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