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Mujeres: ¿Cuándo decir “basta”?

enero 24, 2012

Reportaje a Clara Coria, psicóloga y autora del libro “Decir basta, una asignatura pendiente”.

Decir basta no es fácil. Pero esta palabra tan necesaria, libera al cuerpo de sobrecargas y nos permite vivir de manera saludable. En esta nota, la psicóloga Clara Coria, propone dar cabida a pequeños “bastas” en la vida cotidiana, y dejar de alimentar el límite por saturación. Consejos para evitar explosiones inesperadas en los momentos menos oportunos.

Licenciada, ¿Cuándo es necesario decir “basta”?

En realidad, se trata de no llegar al “basta” que se produce cuando la gota rebasa la copa, y aprender a utilizar los “bastita”. Mi interés en trabajar sobre la problemática del “basta”, se relaciona con haber observado que muchas mujeres logran decirlo cuando ya están muy hartas de una situación indeseada, no soportan más, y entonces patean el tablero. En general, este “basta” suele tener costos muy altos. Lo llamativo es la dificultad que tienen a menudo para empezar a poner límites a medida que se van sucediendo situaciones ingratas, indeseadas o simplemente desagradables.

¿Qué implica decir ese “basta”?

Decir basta, implica dejar de aceptar situaciones de sometimiento. En este sentido es importante tener presente que no es lo mismo “tolerar” que “aguantar”. La tolerancia es necesaria porque tiene que ver con respetar las diferencias. Esto es importante porque todas las personas somos diferentes y necesitamos convivir armonizando las afinidades junto con las diferencias. Pero el aguante es otra cosa. Es soportar y acumular sometimientos a los deseos ajenos que a veces aparecen disfrazados de amor.

¿Por qué hace tanto mal no saber decir basta?

Decir basta es poner límites. Y el basta es la acumulación de un montón de “no”, que fueron omitidos en el momento apropiado. Sabemos que todas las situaciones tienen un costo, ya sea por poner un límite o dejar de ponerlo. Cuando no marcamos límites a tiempo en situaciones que aún no son graves, se van acumulando malestares y nos vamos sintiendo cada vez más sobrecargadas. Y esta sobrecarga se vuelve tóxica.

¿Es el costo de no poner el límite en el momento justo?

Sin ninguna duda, ya que después llega el momento de desborde, y cuando esto sucede,  generalmente hacemos cosas que nos perjudican muchísimo más. Lo que les pasa a no pocas mujeres, es que les cuesta poner límites porque han naturalizado el aguante.

¿Es esa idea o mandato de que debemos hacer todo, porque si no estamos fallando?

Las mujeres en general creen que poder aguantar (y no digo tolerar, sino aguantar), es algo muy femenino. Se supone que una mujer debe ser siempre como una madre, capaz de aguantar cualquier cosa. Y aquí es donde se llega al extremo del desborde por simple acumulación. Con frecuencia la situación por la que desbordan aparentemente es trivial e insignificante. Pero en realidad es la gota que colmó el vaso.

¿Cuáles son las consecuencias a nivel salud y emocional de explotar de esa forma?

Las consecuencias suelen ser muy graves. Las personas que no ponen adecuadamente los límites a tiempo, se enferman o corren riesgos. Un ejemplo clarísimo, es en el orden sexual cuando las mujeres aceptan el sexo con riesgo porque ellas mismas dicen que a los hombres les desagrada usar preservativos, y que las amenazan con dejarlas. Entonces las mujeres, temerosas de que ellos las abandonen, tienen sexo con riesgo. Y esa es una consecuencia para la salud muy clara que deriva de no haber puesto un límite a tiempo.

¿Y a nivel psicológico?

Podríamos decir que la falta de límites va generando resentimientos, y los resentimientos se transforman en quejas cada vez más frecuentes; lo que contribuye a que, finalmente, las mujeres se vuelvan malhumoradas y agriadas.

¿Cuáles son los beneficios de decir basta?

Los beneficios son muchos. Voy a comenzar planteando que lo importante sería empezar cambiando el basta, por bastitas. Es decir, no esperar que se vayan acumulando un montón de “no” silenciados, sino que cuando hay incomodidades, se puedan plantear en ese momento. El beneficio es que cuando una mujer dice “Esto a mí no me gusta por tal y tal motivo”, da la posibilidad de que la otra persona se dé cuenta que está haciendo algo que a ella le afecta, y entonces pueda cambiar.

¿Y por qué esto es saludable?

Porque si la otra persona tiene buenas intenciones va a tratar de cambiar. Y además, la mujer se beneficiará en el sentido de que no se va a sobrecargar, ni llenar la copa hasta que rebalse. En consecuencia, estará de mejor humor, ya que el otro se habrá dado cuenta que estuvo siendo invasor, y las relaciones entre ambas personas van a ser más saludables. Sobre todo porque no se van a acumular resentimientos y malestares.

¿Cuál sería un ejemplo de esos pequeños límites o “bastitas” en lo cotidiano entre padres e hijos?

Por ejemplo, una mujer se quejaba de que el hijo le preguntaba a ella si podía usar el auto del padre. Entonces ella le preguntaba a su marido si le podía prestar el auto al hijo. Y siempre se quejaba de que la tenían de intermediaria. Hasta que se dio cuenta de que era ella la que se ponía de intermediaria. Entonces decidió, no quejarse, no retarlos, sino que a partir de allí cuando el hijo le preguntaba “Mamá, ¿Le puedo usar el auto a papá?”, ella le decía “Preguntale a tu padre”. Y cuando el marido le preguntaba “¿Sabés cuando nuestro hijo va a traer el auto?”, ella se levantaba de hombros y le contestaba “No sé, preguntale”. Es decir, esta es una manera muy simple de hacer “un bastita”.

Aquí la mujer se corrió de lugar…

Exactamente. Y al hacer ese pequeño “bastita”, no se peleó, no se enojó, no hizo un drama. Simplemente buscó la manera de dejar de seguir siendo la que resuelve todas las situaciones, o la que tiene que tolerar situaciones no gratas.

Otra vez vemos cómo la mujer se ubica en ese lugar de “la que tolera todo”…

Las mujeres muchas veces, toleran excesivamente porque tienen la ilusión de que de esa manera las van a querer más, van a ser mejores, o  van a tener un reconocimiento afectivo por lo hacen. Y ahí creo que están equivocadas. Porque cuando uno hace de más, eso sobra. Y cuando sobra, no le sirve ni a uno ni a otro.

¿Y en el ámbito laboral…cómo podemos poner pequeños límites sin que nos echen? Por ejemplo, cuando se trabaja de más, y hasta horarios que no son los estipulados.

Esto va a depender de que la empresa respete la vida y el trabajo de sus empleados, sin pretender explotarlos. Cuando hay buenas intenciones de ambas partes, es posible hacer negociaciones. En cambio, en las situaciones de explotación, ya sea en lo laboral o lo afectivo, si alguien tiene la intención de aprovecharse es difícil poner estos “bastitas”. Probablemente haya que tomar otras decisiones.

¿Lo importante es siempre poder hablar y transmitir lo que nos pasa?

Lo importante primero es tener en claro cuáles son los límites que habría que poner. Y después ver cuál es la mejor manera de ponerlos. Los bastitas sirven para que las personas que tienen una tarea en común (laboral, afectiva, familiar, o lo que fuere) puedan desarrollarla en un clima saludable.

¿Cuáles son aquellas situaciones más frecuentes en las cuales las mujeres deben decir basta porque a expensas de ellas se benefician otros?

Todas. Por ejemplo, en las tareas domésticas. Es muy frecuente que sean las mujeres las que van levantando la ropa que otros dejan caídas, o la mesa que todos usaron, por decir algo muy sencillo. Cuando en realidad las tareas domésticas son responsabilidad de todos. Pero si las mujeres creen que a ellas les corresponde ser las que se ocupan de poner orden en la casa, les costará mucho decir basta. Tienen que darse cuenta de que el orden en el hogar de los que conviven es responsabilidad de todos los que habitan allí.

¿Cuáles son los basta omitidos con más frecuencia?

En todas las relaciones sucede siempre algo de esto. Por ejemplo, si uno queda en encontrarse con alguien a un horario en una esquina, y el otro llega 40 minutos más tarde. ¿Qué hacemos? Lo primero es negociar con una misma cuánto es el  tiempo que se está dispuesta a esperar a esa persona. Si se considera que el otro se puede retrasar quince minutos como mucho, la manera de decir basta es irse después de que pasaron los quince minutos.

¿O sea que no es sólo decir basta, sino también “hacer un basta”?

Eso es un dato muy importante. Decir basta no significa siempre hablar. Decir basta significa “hacer”. En el ejemplo anterior, si uno quedó en encontrarse con alguien, y el otro no llega, me voy. El que está en falta es el otro. Lo que tenemos que pensar es hasta dónde estamos dispuestas o nos parece saludable, sostener las situaciones. Decir “basta” significa dejar de quejarse, dejar de reclamar, dejar de esperar del otro, y ser una la que cambia o hace. Se trata de “hacer un basta”. Es pasar de la palabra a la acción pertinente.

¿Cuáles son los miedos de decir “basta”?

Aquí es bastante frecuente que sobre todo las mujeres creen que tienen que estar más al servicio de los demás, entonces temen que no las reconozcan, que no las quieran. Las condiciones de género hacen que se crea que las mujeres deben soportar, ser altruistas y sostener a todos los demás. Y además, pareciera que el aguante fuera una virtud. Y esto no es correcto. Está tan naturalizada la idea de que las mujeres tienen que tolerar, que entonces no se dan cuenta.

¿Y cómo se puede cambiar este comportamiento?

Esta posibilidad de darse cuenta es  una tarea que solo puede lograrse dentro de un trabajo grupal. Es en la reflexión grupal, donde es posible que las mujeres cuenten estas anécdotas y se den cuenta de que no es natural que sean ellas las que siempre levantan la mesa, tiran la basura, o se responsabilizan de lo que les pasa a los demás. Y no hablo de terapias de grupo, sino talleres o charlas de reflexión en donde se aborden estos temas.

¿Qué reacciones genera en el otro que una diga “basta”?

Pueden pasar muchas cosas. El otro puede molestarse porque está acostumbrado a que siempre le den con el gusto. Pero si es una persona solidaria y respetuosa, lo primero que se dará cuenta es que esos límites están puestos correctamente (siempre y cuando estén marcados sin violencia). Y aquí, la relación mejorará. Si esto no pasa es porque con esa persona nunca va a mejorar.

¿Cuáles son los costos de los abusos por parte del otro?

Fundamentalmente resentimiento. Estos abusos generan enfermedades psíquicas de todo tipo, y mucho resentimiento. Y estos resentimientos deterioran las relaciones, incapacitan la posibilidad de establecer vínculos amorosos y saludables, llenan de odio y bronca, y generan violencia.

En su libro, usted habla del tiempo libre y afirma: “El tiempo libre nos desnuda” ¿Qué relación tiene con este tema?

Hay que poder decir basta y ponerle límites a aquellas actividades que resultan tóxicas: el exceso de trabajo, el exceso de preocupación por los otros, el estar cubriendo las necesidades siempre ajenas y demás. Y muchas veces esto no se hace porque el tiempo libre es algo que suele ser difícil para algunas personas que están acostumbradas a que siempre tienen que estar haciendo algo. Entonces requiere toda una reingeniería, repensar que el tiempo libre es un tiempo disponible. Y lo mejor que puede pasar es pensar en proyectos personales que satisfagan y den bienestar, porque esto mejora la salud.

¿De qué se trata “el arte de transformar los pasivos en activos” del que habla en su libro?

Esto tiene que ver con que ciertas mujeres han hecho siempre muchísimas cosas por los demás, y han empleado tiempo para ayudar a los hijos, ayudar al marido, y a otras personas. Entonces todo eso les da como crédito. Y llega un momento, en general en la edad media de la vida, en donde podrían decir “Por todo lo que hice, ahora tengo derecho a hacer lo que realmente me guste aunque no sea lo que el otro quiere”. Entonces esta sería la manera de transformar un pasivo en activo. Porque el pasivo sería estar siempre a disposición de los demás. Pero luego llega un momento en donde podemos decir: “Yo ya tengo crédito, y entonces tengo derecho de estar en proyectos que me gusten”.

Finalmente licenciada, ¿Cuándo es necesario decir basta?

Siempre. Lo saludable seria reemplazar el basta por pequeños “bastitas”, es decir por pequeños límites a medida que las situaciones lo requieren.  Dejar de acumular los  “no” silenciados. Y además, tener siempre presente que poner límites es una manera de respetarse. Pero saber, como dijimos, que poner límites no sólo tiene que ver con el “hablar” sino con el “hacer”.

LA GOTA QUECOLMA EL VASO

Alcanza una sola gota para hacer desbordar una copa. La gota que produce el desborde es justamente la última de una infinita serie que cuidadosa y ordenadamente se fueron acumulando. Es la que colma la capacidad. Y así, solemos llegar al hartazgo por:

  • Acumulaciones sucesivas y reiteradas de tolerancias innecesarias.
  • Cuidadosas distracciones con las que intentamos soslayar las realidades ingratas (que no por negarlas logramos hacerlas desaparecer).
  • Por insistir una y otra vez, en reclamos que nunca serán satisfechos.
  • Por el resultado de una cinta sinfín de sobre-adaptaciones con las que se pretendía ser aceptada, querida, reconocida, galardonada con un amor vitalicio.
  • Después de varios años de sostener a contracorriente de los propios deseos, mandatos familiares y sociales que poco tienen que ver con los anhelos personales.
  • Por sostener compromisos que nos involucran en situaciones con las que no concordamos, pero a las que nos acomodamos forzadamente para mantener un puesto ilusorio en un también ilusorio “cuadro de honor”.
  • Por sostener conveniencias ajenas a costa de las propias, promoviendo de esa manera malestares y resentimientos.

Del libro “Decir Basta”, de Clara Coria, Editorial Paidós.

¿Qué significa decir basta?

  • Para algunas mujeres, decir basta puede significar una liberación pero no exenta de culpas.
  • Para otras, puede ser el inicio de un transitar por la vida con mayor liviandad pero teniendo que hacer frente a los malestares de quienes ven limitados sus privilegios y beneficios.
  • Decir basta requiere también aprender a implementar estrategias saludables para reducir al máximo los costos que todo cambio conlleva.
  • Decir basta significa, inevitablemente, asumir los costos de tal decisión, lo cual suele vivirse como un riesgo temido.
  • Los basta en la vida cotidiana de no pocas mujeres suelen surgir en forma explosiva y como resultado de una sobredosis de tolerancia, cuando la acumulación de situaciones indeseables alcanzan el nivel de saturación.
  • Decir basta es una manera de condensar en un solo NO, con mayúscula, todos los minúsculos “no” que fueron omitidos a lo largo y a lo ancho de un tiempo excesivo. Un NO que lleva una carga explosiva y suena a definitivo… cuando se da a entender que no habrá marcha atrás ni revisión posible, y su envergadura pareciera ser directamente proporcional a la acumulación de infinitos y pequeños “no” que fueron silenciados.

Del libro “Decir Basta”, de Clara Coria, Editorial Paidós.

Una nueva propuesta: “Los pequeños Basta” (PARA PONER EN LA ULTIMA PAGINA)

“Mi propuesta es dar cabida a pequeños basta y dejar de alimentar el basta por saturación que suele adquirir dimensiones monstruosas. Me refiero al enorme basta que condensa infinitos y consecutivos aguantes que se fueron acumulando, favorecidos por los vientos de la naturalización.

  • Los pequeños basta funcionarían como una respuesta adecuada a una demanda que ya contiene un cierto grado de toxicidad porque no toma en cuenta el intercambio entre las personas como una forma de reciprocidad paritaria. Me refiero a que cuando una mujer necesita implementar un bastita es porque existe otra persona cercana que no ha registrado que su demanda invade espacios y disponibilidades. Solo espera ser satisfecha al margen de un intercambio solidario. Son demandas que se aprovechan de un altruismo mal entendido, asignado al género femenino como si formara parte indiscutible de su naturaleza.
  • Los pequeños basta cumplen una función preventiva porque ofrecen una oportunidad de tomar conciencia. Para el demandante, darse cuenta que se esta excediendo; para el demandado, poner un límite incruento que permite evitar una acumulación de resentimientos muy nociva.
  • Los pequeños basta son señales de alarma cada vez que aparece una demanda que traspasa los vínculos realmente solidarios y de respeto por los espacios mutuos. Así, se convierten en ejercicios prácticos que permiten aprender a registrar los niveles de aguante para detectar el punto en que la tolerancia comienza a volverse tóxica.
  • Los pequeños basta ofrecen también la oportunidad para construir e implementar estrategias de negociación y sensibilizarse para detectar el momento en que “algo comienza a incomodar”.
  • Pero, por encima de todo, los pequeños basta conllevan un espíritu constructivo muy diferente de las explosiones con que arrasan los basta por saturación.

Del libro “Decir Basta”, de Clara Coria, Editorial Paidós.

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