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Mujeres: La exigencia del cuerpo perfecto

abril 16, 2015

Cómo liberarse

La doctora Graciela Moreschi explica en este artículo cómo afecta a nuestro cuerpo y mente la dependencia de la imagen. Propone abstraerse de este mandato para ser más felices y plenas.

La sociedad actual es exigente y al mismo tiempo pobre a nivel de modelos. No hay variedad, todo se reduce a un tema de cantidad: más busto, más cola, más altura, menos cintura, menos años.

Estos parámetros antinaturales se sostienen por la magia de la publicidad que explota la necesidad del hombre de creer que podrá vencer el tiempo. Sabemos que esto es imposible, sin embargo cada día se consumen más tratamientos antiage, cirugías estéticas, tratamientos hormonales que prometen la panacea para alcanzar esa quimera. Pero no es el gasto económico la única repercusión que esto tiene. La más grave es la que impacta directamente en la autoestima de las mujeres. En tanto comprometidas en una empresa imposible que inevitablemente termina en fracaso, la inseguridad y la baja de autoestima son parte de las consecuencias. Desafortunadamente esto no termina aquí, sino que por lo general compromete los vínculos, y la manera de estar en el mundo de quien lo padece.

¿Es todo culpa de los medios?

A mi entender resulta de una interacción entre éstos y el público. Los medios captan el gusto de éste y a su vez lo difunde. Es una relación circular que se retroalimenta a sí misma. Pero ¿es acaso caprichoso? ¿Se trata de un vaivén azaroso? Según dice el sociólogo Zygmunt Bauman el consumidor ha sido consumido por el sistema. Elige la moda, y la impone, pero a su vez es seleccionado y discriminado según estas elecciones. Ellas le darán entrada a un sistema exitoso, o quedará fuera de él. Y por cierto que nadie quiere quedar excluido, de ahí que la mayoría de las mujeres estén tiranizadas por la moda.

Los nuevos paradigmas no se limitan a lo físico, se extienden a toda una filosofía de vida en la cual se confunde tener con ser, y a nivel relación convierte al mundo en un espejo que sólo refleja la propia persona. Se trata de descubrir a través de la mirada de la gente quién es uno, si nos suben o bajan el dedo.

La misión: resistir al paso del tiempo

Llegado a este punto, las personas no sólo tratan de verse mejor sino de seguir vigentes aún dentro de sus vínculos más íntimos, ya que si no se logra resistir al paso del tiempo, corren el riesgo de ser cambiadas por otras más jóvenes. No debemos olvidar que los atributos que valorizan a los hombres son el poder, dinero, éxito profesional y estos crecen con los años.

Esta amenaza de sustitución y soledad hace que algunas personas vivan con mucha ansiedad su madurez, aumento de peso, llegada de arrugas, celulitis o lo que fuera que es propio del natural devenir.

Siempre perfectas

Más allá de lo mucho que haya evolucionado la mujer, la exigencia de estar bien, que como decía antes, hoy significa: ser siempre joven, alta, delgada, lozana y con curvas, es mucho más exigente para ella que para su compañero. De ahí que cuando el cuerpo comienza a cambiar -la grasa se distribuye de manera diferente, se pierde la cintura, se gana panza, y la cola desciende- se viva con desesperación. Aparecen los complejos que influyen no sólo a la hora de mostrarse en una playa sino que se extiende a la intimidad del propio dormitorio. Hay vergüenza de mostrar ese cuerpo real, atravesado por embarazos, los años, la vida.

Por cierto que aquí comienza el negocio de los cirujanos y los institutos de belleza que durante la temporada primavera –verano, completan sus turnos, pero desgraciadamente el problema no termina ahí; a veces recién empieza, porque estas consumidoras de productos para la juventud, nunca se ven del todo satisfechas, los complejos limitan el normal desarrollo de la vida, y sobre todo del disfrute, tanto a nivel personal como en la intimidad.

Estética y vida sexual

La sexualidad se ha visto afectada con este nuevo paradigma estético. Las características propias del género femenino no son las valoradas. Quizás lo único que ha prevalecido son los pechos abundantes, pero tampoco son típicamente femeninos. Tienen que ser duros, como el resto de la musculatura, una musculatura más propia del hombre que de la mujer. De ahí que sólo se alcance con mucho “fierro”.

Las mujeres naturalmente tenemos caderas más anchas, hombros más estrechos, más grasa que músculo. Para lucir buenos bíceps, cuádriceps y glúteos firmes se requieren muchas horas de gimnasio.

Después nos asombramos de que las travestis estén más cerca del ideal estético que las mujeres, si a excepción de los pechos, la figura femenina se ha masculinizado.

El esfuerzo que debemos hacer es titánico y muchas veces inalcanzable. Entonces sobrevienen los complejos. Dado que el cuerpo es el instrumento para el goce, si se entra en conflicto con éste es imposible disfrutar, de buen sexo.

Cómo la preocupación por la imagen afecta el encuentro sexual

A esta altura quizás sea pertinente hablar de cómo ha cambiado el sexo. En la gente joven, especialmente tiene más que ver con la competencia que con el encuentro. Competencia con todas las posibles otras, con las ex y las futuras. Es aquí donde la mujer, tan liberada vuelve a caer en el deseo del otro. Está más pendiente por mostrar sus habilidades y que le suban el dedo que de su propio goce. Aquí es donde el deseo se convierte en capturar el deseo del otro, y terminan en la paradoja de quedar esclavizadas a una mirada que en un principio se deseaba controlar.

Cuanto más pendiente de satisfacer la mirada ajena, más le cuesta a la mujer aceptar los cambios y termina recurriendo a todo tipo de recursos para detener la transformación. Esto no es gratuito, tiene su correlato en la psique.

Cómo influye en la psiquis

La persona que hace de todo para no cambiar, no acepta el flujo permanente de la vida, y al tratar de congelar su imagen también congela su psique. Algunos se convierten en verdaderas momias tanto por fuera como por dentro. Por cierto que hay intervenciones delicadas, que respetan la arquitectura del rostro y no pretenden invertir el sentido del tiempo, sino mejorar el inevitable deterioro. Son las cirugías que no borran años, sino que mejoran la imagen. No creo que haya cirugías malas o buenas, hay personas que no pueden decir basta porque están rigidizadas internamente. No tienen la flexibilidad suficiente para aceptar el cambio en ningún sentido.

Son los que creen que hay una sola de disfrutar, el de la juventud, que hay un solo cuerpo aceptable, una moda para vestir, y que si a pesar de toda la artillería que utilizaron no han logrado vencer los cambios físicos, se esconden, apagan la luz, no disfrutan la playa, una buena comida, o un aperitivo por exceso de calorías.

Este registro del paso del tiempo que tiene la mujer en su cuerpo, no sólo es a través de arrugas, flaccidez debido a partos, lactancias, sino también luego, cuando se retira la menstruación poniendo fin a la fertilidad física. Dicho así parece calamitoso, y se siente de manera dolorosa, a la postre no es tan malo; dependerá de cómo lo viva ella. Si se enloquece por evitar lo inevitable, es desbastador, pero si se acepta esta realidad, se van desarrollando otras herramientas, distintas a las físicas que en definitiva le permitirán llegar mejor a la vejez y enfrentar de otra manera la soledad que muchas veces conlleva esta etapa de la vida.

La opinión del especialista
Dra Graciela Moreschi

Unas preguntas para reflexionar:

-¿Aceptas que la vida es cambio y movimiento?

-¿Eres capaz de ver el proceso o te quedas pegada a las cosas?

-¿Eres capaz de ver el todo o te quedas enganchada en los detalles?

-¿Has variado tu punto de vista o te has quedado en el mismo lugar?

-¿Eres capaz de aceptar las faltas o pretendes que todo sea perfecto?

En estas pocas preguntas está el secreto: si eres capaz de mirar la vida como un proceso, que jamás será perfecto porque es algo dinámico, que cambia de forma permanente. No hay pérdidas, ni ganancias, hay CAMBIOS, si puedes concentrarte en ellos la vida será fácil, no habrá lugar para el lamento.

Los complejos vienen de una mirada parcial, perfeccionista y sobre todo cosificada. Cuando uno se trata así mismo como si fuera un objeto, obra de arte si se quiere, el tiempo hace estragos en el cuerpo pero más en la mente. Si uno se vive como un ser integro en cuerpo y alma, todo el tiempo está ante un nuevo desafío.

Consejos finales

-Aceptar el cambio como proceso.

-Ver la totalidad, tanto lo que se pierde como lo que se gana.

-Notar qué cosas priorizabas antes y cuáles ahora.

-Notar si han cambiado los placeres, la manera de disfrutar y de qué manera.

-Registrar qué cosas nuevas te han traído los años, cómo ha cambiado la mirada si es que cambió.

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