Parejas controladoras: ¿Dónde está el amor?

julio 7, 2011
Woman Looking at a Man Sitting Beside Her

Entrevista a…
Doctor Carlos Pachuk
Especialista en psicoanálisis vincular: grupo – pareja- familia

Una persona controladora necesita estar controlando todo el tiempo al otro, todos sus movimientos, deseos, incluso, sus pensamientos. Por su parte, el controlado o víctima es una mezcla de sentimientos que van desde el amor hasta el odio, sensibilizando su autoestima y llegando a grados de conformismo, justamente, “incontrolables”. Si bien el “control” puede ser una patología del amor, también puede verse como un estilo de vida. ¿Y el amor? ¿Hay amor con control? Según el doctor Carlos Pachuk, especialista en parejas, todo depende de los pactos de la pareja. Veamos qué más oculta esta paradoja del “te quiero y te controlo”; y si está ligada, o no, al amor verdadero.

Es común que en una pareja controlador-controlado, se identifiquen una serie de emociones y situaciones como: sentimientos positivos por parte de la víctima hacia el controlador y viceversa, sentimientos negativos por parte de la víctima hacia sus familiares o hacia terceros que intentan rescatarla de la situación, entendimiento a las razones y las conductas del abusador, conductas de apoyo por parte de la víctima, a veces, ayudando al controlador; y, además, incapacidad de colaborar mediante conductas que pudieran ayudar a terminar esa relación dañina. También es común decir: “No sé por qué, pero deseo que regrese”, una vez terminado el vínculo amoroso. A continuación, el especialista en psicoanálisis vincular, el Doctor Carlos Pachuk, explica las razones por las que una persona permite ser controlada y otra decide controlar, cuando entre ellas hay amor, o por lo menos, así lo creen.

ENTRE EL AMOR Y EL CONTROL

Muchas veces sucede que en una pareja, el más pasivo piensa que ha invertido tantas emociones, ha llorado tanto y se ha preocupado tanto, que siente que debe permanecer en la relación hasta el final. La mayoría de los casos, desconoce las razones que lo llevaron hasta ese nivel, sólo cree en el amor, y de ahí parte el conflicto emocional.

Dr. Pachuk ¿El amor es una excusa para controlar a la pareja?

- Primero hay que saber cuál es el acuerdo de la pareja para enmarcar los límites de la relación. En una pareja hay pactos monogámicos, por ejemplo, o puede ser una pareja abierta. Otro tema tiene que ver con la rivalidad que hay entre ellos, a veces el control, no pasa solo por cuestiones psicológicas o sexuales, tiene más que ver con la brecha que se va abriendo entre las personas. A veces, la rivalidad lleva al control del otro porque “al otro le va mejor que a mí”, o al revés.

¿La rivalidad se convierte entonces en la excusa?

- Uno de los problemas de la pareja es el crecimiento a destiempo, sobre todo parejas que están juntas desde muy jóvenes, es muy común. El control está en cuánto dinero gana, cómo le va en el trabajo, etcétera.

¿Existen diferentes tipos de control?

- Sí, por ejemplo, el que tiene que ver con los segundos matrimonios; dentro de una especie de conflicto con la vida interior de cada uno o con la vida que cada uno llevó con su antigua pareja, sobre todo si hay hijos. En estos casos, generalmente se dan cuestiones como celos, envidia, rivalidad… A veces, incluso, sucede que cuando el segundo matriminio tiene un hijo en común, el trato es diferente con respecto al que reciben los hijos de la anterior pareja. En fin, es toda una cuestión de diferencias y de época.

¿A qué se refiere con diferencias y época?

- Todas las épocas tienen sus consecuencias, es normal. Antes, la gente estaba junta hasta morir. Se decía: “Como me tengo que quedar con éste toda la vida, pues me importa poco”. Ahora, se acabó la época de los matrimonios incesantes, pero eso trae otro tipo de problemas: hoy, la familia es una tribu, están muchos y a veces no se sabe qué nombre darle a cada persona. Por ejemplo, tuve una paciente que no sabía cómo llamar a la mamá de su media hermana.

Aunque socialmente una relación controladora no tiene sentido, ¿lo tiene desde un punto de vista psicológico?

- Sí. Hay estructuras que son más patológicas. La patología se ve cuando la gente es igual en todas las parejas. Uno supone que una persona es celosa, porque tiene una historia, pero, hay personas que en todos los vínculos mantienen el mismo patrón de conducta. Esas personas, por lo general, tienen una alopatía celotípica obsesiva con rasgos paranoides y tienden siempre a hacer del otro un objeto dentro de un estado de control.

“PERTENECER” POR AMOR

El que desea controlar al otro, aspira el poder absoluto sobre su pareja. Se considera con derecho a saber todo sobre ella; considera al otro como una posesión suya y no una persona con vida propia. Mientras que la víctima siente que tiene un lugar en el mundo, porque despierta interés en alguien, porque “pertenece” a alguien.

Si una persona se deja controlar por su pareja de manera conciente, ¿es alguien desequilibrado?

- A veces parece medio absurdo, pero el que se deja controlar puede ser una persona con tintes sumisos o masoquistas, o puede ser alguien que paradójicamente, se siente estimulado en su autoestima por ser controlado, porque pasa a sentirse importante para el otro. Dice: “Si me cela, es porque yo valgo”, refuerza su autoestima. Pero, en general, el que es controlado puede ser desde una persona desvalorizada, que justamente se valoriza por este camino, a alguien muy transgresor, que justamente busca el control, para que le pongan un límite.

¿Una relación controladora se ubica psicológicamente en el síndrome de Estocolmo?

- Hay algún punto en común, que sería mantener el vínculo. El síndrome de Estocolmo es que, por ejemplo, se termina la historia del secuestro pero las personas mantienen el vínculo. En este caso, lo que tiene en común con una pareja controladora, es mantener un vínculo bajo esos códigos donde cada uno obtenga sus beneficios.

¿Qué beneficios o características positivas puede ver una persona en su pareja controladora?

- El beneficio puede ser de distintos tipos: hay gente que sabe que el transgredir puede tener efecto contrario, es la víctima la que controla y el victimario es el controlado. Ejemplo, una persona que perdió todo lo que tenía jugando en Las Vegas o siempre anda con historias raras, entonces el otro le pone los límites. Este tipo de relación no termina en desequilibrio porque hay un código de que ésa es la relación. No tienen desequilibrio, porque el otro sabe que lo van a controlar, hay un acuerdo entre ellos. El problema se da si uno de los dos se excede del control, o si uno de los dos no quiere jugar más ese rol, y dice que no acepta la relación porque ya no le interesa… son muchos los casos.

¿Hasta qué punto uno sigue al lado de una persona controladora por amor; y hasta qué punto porque simplemente no se anima a dejarla?

- Hay que ver por qué. El sufrimiento es un modo de vida. Hay gente que goza en el sufrimiento y creen que sufrir es una forma de vida… A veces, al establecer un vínculo, así sea con un maltratador, la persona piensa que sin el otro no le va a ir bien en la vida, o que no va a tener las ventajas que obtiene al  permanecer en ese vínculo. No se quiere ir porque tiene un lugar en la pareja.

¿Entonces el asunto está en “pertenecer”?

- La pertenencia es la base de la identidad. Es decir, la identidad se construye en las personas a partir de que sienten que forman parte de determinados lugares. Hay gente que prefiere vivir en algo y no perder la identidad.

¿De qué manera se desarrollan sentimientos positivos hacia el controlador?

- Justificándolo. Lo que pasa es que los seres humanos no somos homogéneos. Uno de los temas que siempre se discute es qué pueden hacer los padres, por ejemplo. La idea del dueño absoluto, es común. Las víctimas y victimarios tienen el afecto disociado, es decir,  hay una parte disociada que permite que, en algún aspecto, una persona maltrata a otra pero genera un lugar de confianza. Alguien puede maltratar a su pareja en el vínculo amoroso y, al mismo tiempo, ayudarla en la cotidianidad.

TERMINAR LA RELACIÓN

En vista de las contradicciones que hemos visto, resulta un tarea ardua terminar una relación con una pareja controladora, siempre y cuando los niveles sean intensos. Existen parejas que no pueden cambiar los códigos, que siempre terminan con la misma persona, y vuelven al mismo punto.

¿Por qué cuesta terminar una relación controladora?

- Tiene que ver con esto, con la pertenencia, los sentimientos, los aspectos secundarios. Con el hecho de que la pareja es heterogénea y ahí se encuentra otra vez lo del vínculo afectivo.

¿Es posible regresar a una relación controladora? ¿Se hace por amor?

- Puede ser. Hay varias posibilidades, una es que se extrañe en realidad por otros motivos, es decir, cuando uno se separa, se separa de lo malo, pero también de lo bueno. Cuando uno está con la pareja sólo ve lo malo, cuando se separa se acuerda de lo bueno.

¿Una persona controladora, lo es en todas las relaciones?

- Las personas que ya son patológicas, sí. La patología apunta a la rigidez. Ésta se evidencia en pocos cambios, se es igual en todas las relaciones que actúa. En la persona que tiene más juego, más manejo de otras, no; por ello, puede ser que en una pareja sea controladora y en otra no. En tal caso, el control ya no es un rasgo patológico sino un problema de vida. De pronto, encuentra a alguien del que resalta un aspecto que lo hacer ser controlador.

¿Controlar a la pareja puede ser un síntoma social? “Si los demás lo hacen yo también”

- Sí, tiene que ver con pertenencias grupales, o códigos grupales. Son cuestiones que tienen que ver con la cultura de la época: puede haber control o descontrol. Hay algunos países como Colombia o Venezuela, donde hay un día para que la pareja salga sola; antes eran sólo los hombres, ahora lo hacen las mujeres también, desde hace como diez años. Se trata de un día de libertad donde cada uno hace lo que quiere y no se lo cuenta al otro; esto no significa que tengan sexo con otra persona, puede ser sólo salir con los amigos a tomar algo… Esto se ve más en la clase media… Tiene que ver con el medio.

¿En cuál época o medio estamos?

- En la época del descontrol, pero también del control por los medios de comunicación, todo pasa por ahí. Mensajes de textos, teléfonos, ahora es más fácil perseguir a la pareja.

¿Qué pasa cuando interviene una tercera persona?

- La víctima lo aleja. Dice: “No importa, me controla, me maltrata, pero me dá otras cosas”.

UN ASUNTO DE AUTOESTIMA

El valorarse juega un papel importante ante una pareja controladora. La víctima, o la persona controlada, podría definirse dentro de unos parámetros básicos como la escasa autoestima y el poco valor que se da a sí misma frente a lo que representa el otro en su vida. En los casos más graves, existe un falso concepto de la pareja y sus sentimientos son completamente ambivalentes: sienten rabia en los períodos de violencia y afecto en los mejores tiempos.

¿Haber tenido una pareja controladora, deja huellas en una persona? ¿Temores? ¿Inseguridad?

- Depende de la intensidad del control, y los grados de violencia. Si hay violencia verbal o física, puede generar traumas y dejar huellas. Otra es la situación cuando lo que se controla son las cuentas bancarias, las tarjetas de crédito, el celular; este tipo de controles no suele causar traumas.

¿Cuándo se llega a la violencia, seguimos hablando de control o de otra patología?

- Control violento. El tipo de acoso, ya es un control violento. Cuando se realiza continuamente es acoso psicológico, es violencia psíquica.

¿La persona controladora puede serlo a raíz de una situación anterior de infidelidad; o puede haber otros factores que conlleven a desarrollar este tipo de personalidades?

- En general, la infidelidad es una vía para el control. Es interesante porque para que halla infidelidad, como yo la entiendo, tiene que haber la intención de que el otro sepa lo que éste está haciendo. Enviar un mensaje al otro. Por ejemplo, alguien se va de viaje de trabajo y conoce a una persona, con quien tiene una noche de sexo y no la ve más, no se crean vínculos, eso la pareja nunca lo va a saber. ¿Eso sería infidelidad? Pregunto. ¿O la infidelidad es cuando alguien hace lo posible para que el otro reciba el mensaje? ¿Se entiende la diferencia? Ése es un tema interesante que se discute mucho. En general, uno ve que en una pareja de 20 años juntos es raro que no haya pasado nada, uno sospecha y le pregunta al paciente: “¿Qué pasó en estos 20 años?” “Tuve algunos “braguetasos” sin importancia”, dice (Ríe). Todo tiene que ver con los pactos monogámicos.

¿En qué casos estamos hablando de un “te quiero, por eso te controlo, para que no me dejes”? ¿Qué tipo de persona?

- Estamos ante una persona masoquista. Todo el amor está en función de él, el otro es objeto de control. Hay una idea de que “el otro me tiene que querer a mí”. El control es para que lo sigan queriendo. No hay un pensamiento por el otro.

¿Tampoco hay amor por el otro?

- Hay un amor narcisista. Yo me fijo mucho en los vínculos de pareja, es cuando uno se convierte en otro en la relación, es decir, qué grado de otredad hay en la relación. Muchas veces en las sesiones de pareja uno reprocha y el otro se queja, pero cada uno habla de sí mismo. Cuando no hay una pregunta por el otro, aparecen los conflictos. En este caso, el controlador necesita que el otro esté ahí, y el otro está ahí porque se le ocurre en ese momento que tiene que estar ahí. Cuando se corre, el controlador dice: “Vos tenés que estar acá, porque estando allá no te puedo controlar. No puedo soportar que te muevas”. Pero en ese movimiento lo que hay es una idea narcisista de que el otro tiene que nutrirlo, o ser igual.

¿Por qué una persona puede centrar su vida en las necesidades, hábitos y deseos de su pareja controladora?

- No está la otredad. Son personas muy sumisas que se vuelven el otro, aún cuando la pareja no sea controladora. Así, nace una identidad adhesiva, “me identifico con el otro, trato de ser como el otro porque no sé cómo soy yo”. Son personas que viven otra personalidad, porque así se sienten alguien. Se adhieren a la pareja y cambian de personalidad según éstas. No tienen una identidad propia.

VOLVER A EMPEZAR

En conclusión, el control sería algo así como “si el otro me deja, dejo de ser yo”. En este caso, la víctima es realmente el victimario. “Yo me adhiero a alguien y necesito que ese alguien esté para seguir adherido y tener personalidad”. Bajo estos preceptos necesitamos conocernos y reflexionar sobre lo que somos capaces de hacer, para poder volver a empezar.

¿Podemos cambiar a una persona controladora, en el nombre del amor?

- Depende. A veces, eso lo que hace es que se controle más, desde el amor ofrecido. A veces, los vínculos son tan misteriosos que despiertan lo mejor de uno, y otras veces, lo peor. Hay una combinación de vínculos extraños, que hace que vayan para un lado o para el otro, y la vida también cambia. Pero, el controlador patológico no cambia así.  El control vincular puede ser producto de una relación con ciertos códigos que después pueden ir cambiando. Pero, una cosa es controlar a alguien y otra cosa es la patología. El obsesivo, el controlador, el paranoide tiene una patología.

¿Cómo elevar la autoestima y salir al mundo sin culpas y con ganas de volver a formar una pareja sana?

- No hay recetas. Tiene que ver con las personas. Si la huella es muy profunda, es importante hacer un tratamiento psicológico de grupo. Al principio, la persona tendría que pensar que ya dejó la situación, que puede haberse dañado por estar en una relación así, pero que algún nivel de crítica tiene como para haber dejado a esa pareja, o no tener otra igual. Lo que se trabaja en psicología son dos enigmas: el por qué y el cómo. El “por qué” es tratar de entender porqué razón uno siente gusto por algo, y el “cómo” es pensar de qué manera salir de donde se está y que esto requiere hacer algo diferente. Mientras el “por qué” es para entender, el “cómo” es para actuar. Hay que trabajar las dos cosas en simultáneo.

¿Y si está conciente de la situación, pero aún no sale de ella?

- A veces, se recomienda que forme parte de un grupo terapéutico, ya que es más fácil poder trabajar en conjunto. Siempre hay un caso parecido. En ciertas situaciones, la terapia en pareja puede se útil, pero otras veces no pasa nada. Sin un apoyo terapéutico, la persona se queda instalada en ese estado y se cree que no podrá salir.

¿Es más fácil sanar cuando vemos que a otras personas les pasó lo mismo?

- Sí. Una cosa es lo que pasa con el terapeuta y otra lo que pasa en el grupo. En el grupo juega mucho el rol de la significación. A lo mejor alguien cuenta algo que le afecta a una persona, más incluso de lo que ella tenía para relatar. Como el discurso es libre, se crean cruces de identificaciones.

¿Cómo sanar las heridas psicológicas que deja una relación de control extremo?

- Se recomiendan las terapias de grupo. Compartir el problema hace que baje de nivel. Somos medio narcisista y siempre creemos que lo que nos pasa a nosotros es lo peor, en el grupo las personas se dan cuenta de los problemas comunes, eso lo desdramatiza. Y después vienen las identificaciones cruzadas: los pacientes piensan “esto me pasó”, “esto puede pasarme”, “esto no lo había pensado”.

“Los excesos siempre traen problemas. Hay una diferencia ente el deseo y el goce. El deseo es no saber lo que se quiere, el goce es querer algo y no poder parar. Es como una droga. Todos los controles tienen que ver con la función de parar. Sea la bebida, el juego, la droga, o lo que sea; y hay gente que no puede parar. El goce liberado a su suerte lleva a la muerte. Una persona controladora no puede parar, porque hay goce en el control”.

“Hoy estamos en la época del descontrol, pero también del control por los medios de comunicación, todo pasa por ahí. Mensajes de textos, teléfonos… ahora es más fácil perseguir a la pareja”.