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Pasado… ¿pisado?: Dejar atrás conflictos familiares

septiembre 28, 2016

Un problema serio provocó la separación con algún miembro de nuestra familia y conllevó a la falta de relación durante años. Si bien cuando sucedió el conflicto nos causó dolor, ahora sólo queda un poco de resentimiento para con esa persona. Sin embargo, ¿es bueno seguir alimentando los rencores del pasado?

La familia no se elige, es cierto. No obstante, esto no nos libera de responsabilidades acerca de la relación que decidimos mantener con ellos una vez que nos independizamos.

Por lo general, las relaciones son fluidas cuando la convivencia fue buena, pero todo es muy diferente cuando hubo grandes peleas y las diferencias parecen irreconciliables.

Efectos colaterales

El principal problema de la pelea con un familiar son “los daños a terceros”, es decir las consecuencias que estos conflictos traen para los demás integrantes. Puede ser que estemos peleados con un hermano, pero no con los otros o con uno de nuestros padres.

Sin embargo, esta situación le provocará dolor a aquél que se encuentra ajeno al conflicto, y lo que es peor, muchas veces nos terminamos alejando de quien no queríamos.

El primer paso lo damos nosotros

El hecho de querer reconstruir la relación no demuestra una debilidad de nuestra parte. Por el contrario, nos da la posibilidad de rever lo que ha sucedido desde otra perspectiva.

El tiempo ayuda a que las heridas cicatricen y, gracias a esto, podemos evaluar la pelea con más objetividad. Observar qué llevó al otro a actuar como lo hizo y reconstruir las circunstancias, hoy, ¿somos los mismos que hace unos años cuando el problema aconteció? Visiblemente, no.

Cuenta nueva

Perdonar y perdonarse: es importante reconocer los errores y darse cuenta de que el rencor y el enojo no lo llevarán a nada positivo. La “auto-reconciliación” es una actitud que lo moviliza, lo hace centrarse en usted mismo y observar que no puede controlar el modo en que los demás actúan pero sí puede elegir cómo quiere vivir su vida.

El primer paso: venza el orgullo y anímese a preguntar por aquel pariente con quien está enemistado. Comience por indagar con personas en común y hágales saber su intención de recomponer su relación. Esto es más sencillo que hablar por teléfono y así podrá saber si la otra persona tiene un propósito similar al suyo.

Volver a empezar: si se acerca nuevamente a quien lo lastimó es probable que, al comienzo, aparezca cierta desconfianza. Aprenda a exigir menos, no condicione su mirada y no vea vestigios de la relación anterior.

Si no tuvo contacto durante años, tenga en cuenta que él o ella también ha cambiado; será como empezar de nuevo.

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