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Patologías gíneco-endocrinas en las adolescentes como consecuencia de la obesidad

julio 21, 2016

Actualmente no existe en Chile un estudio poblacional de prevalencia de sobrepeso y obesidad en adolescentes, sólo hay registros poblacionales de niños menores de 6 años y embarazadas. Sin embargo, diversos estudios muestrales estiman que la obesidad en adolescentes chilenos supera el 20%, y si a eso sumamos el sobrepeso, más del 50% de las adolescentes está mal nutrida por exceso.

Los principales problemas gíneco-endocrinológicos asociados a la obesidad en la adolescencia son la anovulación crónica, la resistencia a la insulina, el hiperandrogenismo y el síndrome metabólico, explica la Dra. Marcela Menéndez, ginecóloga infanto-juvenil de la PUC.

Factores de riesgo

Los factores de riesgo se dividen en antecedentes familiares, perinatales, infantiles y factores ambientales. “Entre los antecedentes familiares destacan la obesidad, la diabetes y el síndrome de ovario poliquístico. En los perinatales están el peso de nacimiento (tanto bajo peso como el excesivo), y la velocidad con que incrementó de peso el recién nacido. Entre los de infancia está la adrenarquia precoz (cambio de olor, aparición de vello púbico), la pubertad precoz y la obesidad. Finalmente, en los ambientales, está la alimentación excesiva y no equilibrada y el sedentarismo”.

Patologías frecuentes

Síndrome de ovarios poliquísticos (SOP): Es un síndrome, es decir un conjunto de síntomas, heterogéneo y frecuente (4 a 10% de las mujeres lo padecen). En la adolescente se manifiesta en general por una oligomenorrea (reglas poco frecuentes) asociada a hirsutismo. Existen múltiples teorías que intentan explicar esta patología. Así hay factores propios del ovario que hacen que éste fabrique más andrógenos, existen alteraciones a nivel del cerebro (hipotálamo e hipófisis) que comandan los ovarios y finalmente un rol muy importante de la insulina.

Anovulación Crónica: consiste en la ausencia de ovulación, que en el caso de la obesidad se produce principalmente por una alteración en la selección y maduración del folículo dominante, existiendo muchos folículos que quedan a mitad de camino sin llegar a ovular, generándose así un aumento del volumen ovárico y del número de folículos visibles en la Ecografía. Al no haber ovulación no existe síntesis de progesterona por el cuerpo lúteo y el endometrio descama en cualquier momento, generándose menstruaciones irregulares.

Resistencia a la insulina: Es el primer paso en el camino hacia la diabetes. La glucosa (azúcar), para entrar a las células y no acumularse en la sangre, necesita de la ayuda de la insulina. Pero en este caso existe una dificultad para que actúe la insulina (resistencia), necesitando el páncreas sintetizar cantidades de insulina mucho mayores a lo normal para lograr el ingreso de la glucosa. Con el tiempo el páncreas se cansa de producir tanta insulina, apareciendo primero la intolerancia a la glucosa y luego la diabetes. En pacientes con resistencia a la insulina, se encuentra la acantosis nigricans: un engrosamiento de la piel (en general en la cara posterior del cuello) notándose más oscura.

Hiperandrogenismo: Es el aumento de los andrógenos u hormonas masculinas en la mujer. Clínicamente el hiperandrogenismo se manifiesta como hirsutismo (aumento de los vellos corporales en zonas sensibles a las hormonas masculinas, como cara, abdomen, glúteos, etc.), acné y aumento de la grasitud de la piel y el cabello.

Síndrome metabólico: conjunto de alteraciones metabólicas que conllevan un riesgo cardiovascular a futuro. Este síndrome se asocia a obesidad androide (predominio de grasa abdominal), hipertensión arterial y alteración lipídica (colesterol).

Exámenes de diagnóstico

Los exámenes realizados son mediciones hormonales y una ecografía ginecológica. Tienen como objetivo confirmar el diagnóstico sospechado, descartar otras patologías y evaluar las consecuencias de la obesidad en forma general. Para descartar otras patologías se solicitan también exámenes tiroideos, la 17 OH progesterona, prolactina y eventualmente cortisol y FSH. Finalmente se solicita la glicemia, insulina, perfil lipidico y pruebas hepáticas,

Consecuencias en el tiempo

Existen consecuencias a corto, mediano y largo plazo.

A corto plazo las consecuencias son irregularidades menstruales que van desde reglas poco frecuentes (6-7 al año) hasta la amenorrea secundaria (ausencia de reglas por más de 90 días) o incluso primaria (ausencia del inicio de las reglas). Puede existir también una metrorragia disfuncional (reglas irregulares a veces frecuentes, abundantes o prolongadas). Otra consecuencia a corto plazo es el impacto sicológico y social que traen el hirsutismo y el acné para la adolescente, con una frecuente disminución de su autoestima.

A mediano plazo la principal consecuencia es la alteración de la fertilidad, y mayores riesgos de tener patologías del embarazo, en especial diabetes gestacional.

A largo plazo aparece la diabetes (en edades cada día menores), el síndrome metabólico y finalmente las complicaciones cardiovasculares como infartos al miocardio y accidentes cerebrovasculares.

Tratamientos

La clave del tratamiento es el cambio de hábitos tanto alimentarios como de actividad física. La disminución de peso y en forma independiente el aumento de la actividad física pueden por si solos compensar estas patologías.

Del punto de vista farmacológico se utilizan anticonceptivos orales, sobre todo los de última generación, que además de regular los ciclos disminuyen los andrógenos. Se utilizan además hiploglicemiantes, la metformina, sobre todo si hay resistencia a la insulina asociada, indica la Dra. Menéndez.

Medidas preventivas

Es importante comer 4 veces al día y no picotear fuera de hora. Además, evitar la comida chatarra como snacks, galletas, completos, bebidas o jugos dulces y alimentos grasos. También, se debe aumentar el consumo de frutas, verduras, pescado, beber bastante agua y no comer frente al televisor.

Respecto a la actividad física, ésta tiene dos dimensiones: por un lado, es importante reducir el sedentarismo y esto pasa fundamentalmente por reducir las horas frente a la pantalla (televisión y computador), caminar más, subir escaleras, es decir, hacer actividades de la vida cotidiana que permitan movernos más. La otra dimensión es practicar una actividad física de tipo aeróbica por lo menos 3 veces por semana, ya que ayuda al sistema cardiovascular. “Lo ideal es que estos hábitos se incorporen desde los primeros años de vida y sean mantenidos por todos los miembros de la familia ya que el modelo es fundamental”,

Colaboración de la Dra. Marcela Menéndez ginecóloga infanto-juvenil del Departamento de Obstetricia y Ginecología de la Pontificia Universidad Católica de Chile.

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