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Prevención de enfermedades después de los 50

julio 10, 2015

La Influenza, Neumonía por Neumococo y ahora el Herpes Zóster son sólo algunas de las enfermedades infecciosas que pueden afectar a los adultos en nuestro país. El medioambiente contaminado es un caldo de cultivo mayor y las vacunas se tornan imprescindibles en la prevención.

La contaminación y el frío constituyen un cóctel de alto riesgo, especialmente para quienes tienen un sistema inmunológico deficitario, entre ellos los adultos y los mayores que se ven expuestos a bacterias y virus que pueden convertirse en una amenaza letal. Y una de las claves para estar mejor preparados para enfrentar estos períodos críticos es ponernos al día, a partir de los 50 años, en algo que creíamos haber dejado atrás cuando éramos niños: las vacunas.

La tendencia actual es vacunarse también después de los 50, 60 ó 65 años, dependiendo de la enfermedad a prevenir y los factores externos que incidan, considerando incluso la revacunación periódica en casos como la Influenza debido a la frecuente mutación de ese virus. Expertos en el tema señalan que cada año aumenta la cifra de adultos que sufren problemas graves de salud, algunos son hospitalizados e incluso mueren de padecimientos que son prevenibles por vacunación. La Influenza, Herpes Zóster y Neumonía por Neumococo son sólo algunas de las enfermedades que pueden afectar a los adultos y que pueden prevenirse mediante la aplicación de una vacuna.

El geriatra Augusto Brizzolara confirma que en nuestro país hay algunas estadísticas que dan cuenta de una mayor prevalencia en el adulto mayor de enfermedades como la Influenza, la Neumonía y el Herpes Zóster. Por ello, insiste, el adulto en general debiera inmunizarse contra estas enfermedades, así como con un refuerzo de la toxina diftérica y la tetánica después de los 65 años, habiendo o no tenido contacto con potenciales agentes patógenos.

Comenta que en el adulto todas las enfermedades crónicas inflamatorias y otras como la diabetes hacen que el sistema inmune sea menos hábil para recordar qué es lo que aprendió para aplicarlo, lo que se denomina “inmunidad adquirida”, tanto para responder a situaciones de infecciones adquiridas por primera vez o de las cuales hay poca inmunidad.

En la actualidad, la vacuna neumócocica se incorpora cada cierto tiempo en el Programa de Salud y se entrega junto a la de la Influenza gratuitamente para los grupos de riesgo, ya que muere una de cada dos personas mayores de 80 años que contraen la enfermedad.

Herpes Zóster: 90% de adultos susceptibles

Lamentablemente otras enfermedades de alta incidencia en el adulto-como el Herpes Zóster (HZ)- no han sido incorporadas porque la enfermedad no se considera letal: “no obstante el HZ debilita al paciente y le deja un dolor crónico que hace que la calidad de vida sea miserable si se presenta una neuralgia postherpética…pero no se va a morir”, explica el doctor Brizzolara, consultado respecto a por qué no se ha incorporado aún esta vacuna en el programa nacional de vacunación.

La doctora Jeannette Dabanch, presidenta de la Sociedad Chilena de Infectología, comenta que una de cada tres personas que presentaron varicela o peste cristal en la infancia desarrollará Herpes Zóster en la vida adulta, es decir más del 30 por ciento.

Comenta que la principal complicación es el dolor asociado y que continúa incluso después de desaparecer las lesiones de la piel: “Esto es conocido como neuritis post herpética y se presenta en alrededor del 20% de los pacientes. Otras complicaciones severas pero afortunadamente raras se observan cuando el herpes zóster se reactiva en la zona ocular, oído o el sistema nervioso central”.

Esta última vacuna, disponible en distintas farmacias y vacunatorios del país desde hace dos años, está dirigida a personas mayores de 50 años, debido a que desde esa edad en adelante la enfermedad se está presentando con mayor frecuencia, llegando a ser entre el 60% y 70% de los casos. La infección es causada por el virus varicela zóster, el mismo que genera la peste varicela cuando somos niños, que queda en etapa de latencia en el organismo y tiempo después puede reactivarse y causar el cuadro, que viene acompañado de granos dolorosos y tiene una duración de entre dos a cuatro semanas. Sin embargo, el dolor puede mantenerse en el tiempo, pudiendo durar meses y hasta años.

Recuadro

  • Vacuna contra la influenza

La vacunación contra la influenza estacional es recomendada anualmente para todos los adultos mayores de 50 años. Cambia cada año porque nuevas cepas de influenza aparecen.

  • Vacunas de Refuerzo de Tétano/Difteria y Tétano/Difteria/Tosferina

Una vacuna combinada contra el tétano, la difteria, y la tosferina es dada durante la niñez en una serie de inyecciones llamados DTaP. Después de esas inyecciones, todas las personas necesitan una vacuna de refuerzo contra el tétano y la difteria cada 10 años, particularmente recomendada para los trabajadores de servicios de salud y cualquier persona que tenga contacto con un infante.

  • Vacuna contra la Hepatitis A

Recomendada para los adultos con un riesgo incrementado de contraer la hepatitis A. Estos grupos son:

  • Personas viajando a países en vías de desarrollo
  • Hombres que tienen relaciones sexuales con otros hombres
  • Personas que usa drogas ilícitas
  • Personas que trabaja con primates no humanos infectados con hepatitis A, o aquellos que trabajan con hepatitis A en un entorno de investigación
  • Personas con enfermedad crónica del hígado
  • Personas con desórdenes de la coagulación sanguínea
  • Por separado, los trabajadores de la industria de alimentación pueden ser considerados para recibir la vacuna contra la hepatitis A por su potencial de transmitir la infección por medio de la comida que preparan.
  • Vacuna contra la hepatitis B

Recomendada para los adultos que estén en riesgo incrementado de contraer la hepatitis B. Estos grupos son:

  • Personas viviendo o teniendo relaciones sexuales con una persona infectada con hepatitis B
  • Personas teniendo relaciones sexuales con múltiples parejas
  • Personas buscando tratamiento para infecciones transmitidas sexualmente, prueba (o tratamiento) de VIH, o tratamiento de drogadicción
  • Hombres que tienen relaciones sexuales con los hombres
  • Personas que usen drogas ilícitas
  • Personas con un empleo que consista en tener contacto directo con sangre humana
  • Personas con empleo en instalaciones para las personas con discapacitación mental
  • Personas que estén recibiendo hemodiálisis o que tengan enfermedad renal de etapa final
  • Personas con VIH
  • Personas que reciben diálisis
  • Personas que tengan enfermedad crónica del hígado
  • Personas que sean prisioneras en una institución correccional
  • Personas que viajen a un país donde el virus es común
  • Vacuna contra la Varicela

También es recomendada para los adultos sin evidencia de inmunidad contra la varicela, a menos que puedan proveer documentación de haber recibido dos dosis de la vacuna separadas por un mes, o de haber tenido un caso de varicela o herpes zoster diagnosticado por un médico y/o confirmado por un laboratorio.

  • Vacuna contra Herpes Zóster

La vacuna es recomendada para personas mayores de 50 años, aun si han reportado haber tenido un caso anterior de herpes zoster.

  • Vacuna del Neumococo

Recomendada para los adultos basándose en una variedad de factores de riesgo:

  • Personas mayores de 65 años de edad
  • Personas entre los 19 y 65 años de edad que tengan asma, o que fumen
  • Personas entre los 2 y 65 años de edad con une de los siguientes problemas de salud a largo plazo: enfermedad del corazón, enfermedad de los pulmones, enfermedad de células falciformes, diabetes, alcoholismo, cirrosis, derrames de líquido cefalorraquídeo, o implante coclear
  • Personas entre los 2 y 65 años de edad con una condición que debilite la resistencia a la infección, incluyendo el linfoma, leucemia, VIH o SIDA, falla renal, un bazo sanguíneo dañado o estriado, o un trasplante de órgano
  • Personas entre los 2 y 65 años de edad que esté recibiendo un tratamiento que debilite la resistencia a la infección, incluyendo la terapia de radiación, algunos medicamentos para el cáncer, o esteroides a largo plazo
  • Personas que vivan en un asilo de ancianos o de cuidado médico, o una instalación de cuidado médico a largo plazo.

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