Salud » Pareja y Sexualidad » ¿Qué temen los hombres de las mujeres? (parte uno)

¿Qué temen los hombres de las mujeres? (parte uno)

junio 8, 2011

La batalla de los sexos tiene muchas acepciones que, en la actualidad, reactualizan viejos mitos sobre los varones  y las mujeres. Pese a los discursos sobre libertad sexual, “touch and go” y relaciones pasajeras, se sigue pensando que las mujeres sólo quieren casarse y que ellos deben huir de sus garras cuanto antes. ¿Qué pasa con los miedos masculinos a la hora de proponer (o proponerse) iniciar una relación con una mujer? ¿Qué es lo que les pasa por la cabeza y qué les hace aceptar o huir furtivamente? El Dr. Adrián Sapetti, psiquiatra y sexólogo, revela los mitos y preconceptos relacionados con los vínculos amorosos y brinda pautas muy interesantes para comunicarse de manera relajada, auténtica pero estratégica, y con buenos resultados.

Dr. Sapetti, ¿qué es lo que temen los hombres de las mujeres?

Hoy estaba pensando que hay personajes míticos femeninos que son devoradores y castradores. Habría tres líneas de mujeres: Lilith, Eva y la Virgen María. Lilith fue calificada de vampiro, que tomaba la sangre de los bebés, todos horrores, porque reclamaba sus derechos sexuales frente a Adán, por ejemplo colocarse ella en posición arriba en el sexo. Luego viene una línea de la mujer casta y pura como la Virgen: no hay procreación sexual, es un personaje desexualizado, que ni para ser madre necesita del sexo. Eva es la que hace perder el Paraíso, la que cede a la tentación y lo hace caer a Adán. En la historia, la mitología y la literatura, hay un tipo de mujer que se presenta en etapas primigenias como personaje demoníaco, seductor y castrador (Lilith, Kali, Pandora, la Sirena, la Medusa, la Esfinge, Yocasta): tiene que ver con la historia de la madre que liquida al hijo-varón. Como decía Simone de Beauvoir, si una mujer le hace acordar a un varón a su madre, eso le da pavor.

¿Entonces, es a esta entidad contradictoria de la mujer a la que se teme?

El varón va a oscilar entre estas figuras, y las mujeres también. Es muy frecuente la consulta por supuesta anorgasmia, cuando lo que pasa es que no tienen el orgasmo con la penetración, sino con la estimulación clitoridiana: ellas sienten que tienen que darle el orgasmo por la penetración. Hay mujeres que no tienen muchos orgasmos o esconden su eyaculación (sí, me refiero a la eyaculación femenina) para no parecer prostitutas: “es medio prosti esa mina”. El varón teme a la mujer muy activa, que busca y quiere manejar la situación sexual. Se siente inseguro.

¿Qué es lo que lo inhibe?

La posibilidad multifacética de la sexualidad femenina: ellas pueden poseer sexualmente a varios tipos uno detrás del otro, cosa que los hombres no podemos porque estamos limitados por el tema de la erección. Las mujeres, incluso, aceptan cosas que le dan placer aun cuando no haya penetración. Hay un punto de castración del hombre: teme que la mujer lo atrape. Por eso, tener una sola mujer para muchos tipos es algo fobígeno (que les produce fobias).

¿Pero no se enamoran más, como para superar esa fobia?

El tema es el contrato de exclusividad permanente: muchos hombres no lo firmarían, aunque ahora muchas mujeres tampoco, porque están tomando elementos masculinos, del tipo touch and go o fast fucking, una noche y chau. A la mujer se le ha dicho siempre que tenía que tener relaciones por amor y por afecto, no pasajeras, porque eso era de las putas. Muchas mujeres dicen que no quieren mostrarse muy sueltas de cuerpo, o dicen que no en la primera noche aunque estén muertas, re-calientes, porque el tipo después las desprecia por eso.

Sí, y después piensa “entonces le dice a todos que sí en la primera cita”.

Tal cual, ésa es una frase muy masculina: “se regaló”.

“Se me regaló”.

Sí, a mí, y si se me regaló a mí, se le puede regalar a cualquiera. Entonces, una cosa bastante frecuente es despreciar o denigrar aspectos de la mujer: que está gorda, que está fea, como diciendo “nadie te va a dar bola fuera de mí”.

¿Ahí no habría un temor subyacente a que la mujer le diga que no, y así queda como que “le estoy haciendo un favor”?

Le concede sus placeres pero en realidad no estaría como para que otro varón la busque. Pero hoy las mujeres no se tragan esos cuentos, como sí lo hacían las mujeres de antes, a las que los eyaculadores precoces le decían que eran tortugas, que eran lentejas. Por otra parte, otro fantasma de los varones es quedarse atrapados en una sola figura femenina, en especial la de la madre.

Bueno, pero muchos hombres, desde el discurso, ya se observan muy pegados a la madre.

Sí, varones que tienen 50 años y viven con la madre. Son los que dicen: “Por ahora, estoy en lo de mi madre”, “Vivo en el departamento de atrás, en el cuarto del fondo” o “Por ahora estoy ahí”. Una paciente me contaba de un tipo muy galán, con muy buen poder adquisitivo, pero que dormía en el living de la casa de la madre, en un sofá. Hay tipos que sacan la tarjeta roja de entrada: “vivo con mi mamá”, dicen, y tienen 40 años. Ése perdió. Lo vemos en Internet, con los tipos fóbicos que tratan de cambiar su exposición. En su perfil, ponen “vivo con mis viejos, gano poco”, todo para abajo. No te digo que pongas que sos un ganador, pero tampoco tantas cosas negativas: “no me gusta tal cosa, no me gusta tal otra”.

¿Esos hombres no se enganchan más, no?

En el caso del donjuán, es un tipo que está aferrado a una figura y puede tener una lista enorme de mujeres, pero no se queda con ninguna. Además —algo muy frecuente en los varones—, tiene siempre que competir con un tercero; si la mujer tiene esposo o novio, mejor, y es muy importante que se lo pueda contar a los amigos.

Sí, como el chiste de Claudia Schiffer en la isla con un hombre solo: él le pide que, después de tener sexo, se vista de hombre para simular que le cuenta a un amigo lo que pasó.

Claro, pero que cuenten las historias no está mal; el tema es que cuentan cosas que no existieron. La otra vez le dije a alguien, en una reunión de amigos y familiares: “¿Cómo? ¡El sábado contaste en el grupo que estuviste con tres chicas y ahora me decís que hace 2 años no tenés sexo!”; “¿Y qué querés que haga? ¿Que diga que no se me paraba? Ahora vengo a buscar el Viagra”.

¿Cuál es el tipo de hombre que suele temer más?

El típico varón fóbico, que llega a un punto que no puede superar y salta. Gogol tenía un cuento, “El casamiento”, creo que se llama, en el que un solterón decide casarse porque todos sus amigos lo hacen y ya hay rumores sobre su soltería. Entonces, busca en el diario, una celestina ofrece una chica, la conoce y la chica también lo elige a él. Vuelve a la casa contento: “¡qué suerte! Un amor para toda la vida”, preparan la boda y él la está esperando mientras piensa: “¡para toda la vida!… Uy, ¿toda la vida? Bueno, pero tendré sexo todas las noches… ¿Todas las noches? ¿Y si no se me para? Bueno, pero tendré hijos que estarán corriendo por la casa… Uy, me van a desordenar los libros, el estudio…”. Ve una ventana y salta por la ventana. Llega la novia y le dicen que su novio saltó por la ventana. “¿Volverá?”, pregunta, y la celestina le dice: “Los que saltan por la ventana nunca vuelven”.

¿Cuándo se asustan así, siempre se van? ¿Por qué no se quedan?

No, se van. Una paciente me dice “no sé, la pasamos bárbaro y nunca más: no me contesta los mails, no aparece en el chat”.

Una siempre piensa “está casado”.

No, hay hombres que no están casados. Lo que pasa es que muchos hombres temen a las mujeres que son más poderosas que ellos. Yo me acuerdo, hace mucho tiempo, que hice un viaje a California y ya estaba separado. Yo alquilé un auto y me sentía Gardel. Conocí a una mujer y le ofrecí llevarla en el auto: “no, yo tengo mi auto”, me dijo, y era mucho mejor que el mío; ya empezamos mal. La pasamos muy bien y cuando le dije “¿nos vemos mañana?”, ella me dijo “No, ¿por qué? Es hoy y ya está”. “Las cosas están cambiando”, pensé. Eso, para muchos varones, es algo difícil de tragar.

Bueno, de hecho yo le pregunté a algunos hombres qué temían de las mujeres y me dijeron: “y, que gane más plata que yo”.

Claro, ser más poderosa, que ella tenga el falo. Pero no se dan cuenta de que la pueden pasar mejor, compartir gastos, aceptar invitaciones…

Bueno, pero es que el dinero da autonomía y volvemos a lo mismo: la mujer adquiere independencia…

Sí, puede decidir separarse o elegir qué hacer. Muchos hombres se quejan de las orgásmicas clitoridianas, y no se dan cuenta de que eso les alivia la tarea, que no hay presión; que si acaban antes no están obligados a mantener la erección. Otra cosa a la que temen es a que la mujer le diga o se dé cuenta de que tiene el pene chico, en realidad son muy pocas las que lo dicen.

Generalmente, serán las que no lo desean ni lo quieren tanto…

Por lo común, las mujeres se quejan de que no las besan, de que no las acarician, que no las tocan, que la ponen muy rápido, pero no de eso.

¿Y cómo manejan el tema de las nuevas prácticas sexuales? Que ellas les pidan una noche swinger, hacer un trío, juguetes sexuales…

Muchas mujeres se están enganchando con eso, pero muchos hombres todavía se preguntan “¿cómo es que con mi pene no logra todo?”, o dicen “bueno, pero así se satisface ella”. “Bueno, pero la estimulás vos”, le digo; “sí, bueno, pero es una masturbación”; “no, no es una masturbación: si vos la estimulás con las manos o con la boca, no es una masturbación”.

Seguir leyendo la segunda parte de la nota

Comments are closed.