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Solos y solas después de los 30

agosto 2, 2016

¿Elección o carencia involuntaria?

La falta de pareja a una edad en que la mayoría de las personas están casadas y tienen hijos puede provocar sentimientos de culpabilidad y baja estima.

No obstante, la soledad puede tomarse como una situación transitoria y necesaria para reafirmarse  como persona.

El humorista Enrique Pinti escribió sobre este tema:

“Hay momentos en la vida más cortos o más largos en los que elegimos estar solos. Son momentos íntimos y absolutamente individuales en los que la alegría, el llanto, el júbilo, la amargura, la euforia o la depresión tienen que ser sólo nuestros. ¡Bendita soledad aquella que elegimos!… Maldita soledad, en cambio, aquella que nos priva de seres queridos y amigos entrañables que se nos van… Maldita soledad la de la casa vacía que una vez estuvo llena… Perversa soledad la que les toca a aquellos que no supieron cultivar la amistad y el amor…”

Mirada de los Especialistas.

Entre los 30 y los 40 años, los usos y costumbres dictan que la mayoría de las personas tengan pareja e hijos. Sin embargo, este mandato no siempre se cumple. Cada vez hay más hombres, pero, sobre todo, más mujeres solas, sea porque nunca formaron una pareja estable o porque se han separado.

Las empresas de consumo masivo han adaptado las presentaciones y tamaños de sus productos a un mercado cada vez más numeroso: el unipersonal. Sin embargo, aún existe una gran presión social hacia las personas que están solas, como si se tratara de un error o una falta. ”¿A ver cuándo te pones de novio/a?”, “¿a ver cuándo te casas?”, “¿y para cuándo los niños…?” son las frases con las que se suele aguijonear a los involucrados.

Con todo, la presión social es mayor hacia las mujeres. “Esto es así porque existe un mandato cultural muy fuerte hacia la maternidad, que la mujer debe cumplir para sentirse realizada. Por otra parte, la mujer fue, durante siglos, un objeto que se evaluaba según quién la elegía, un buen candidato o uno malo”.

CUENTAS  PENDIENTES

Se escucha decir frecuentemente: “En muchos aspectos, me siento realizada, tengo una carrera, trabajo en lo mío, pude viajar bastante… pero me falta alguien con quien compartir todo esto. Tengo 35 años pero no hablo sólo de volver a estar en pareja, lo que quiero es tener un hijo y el paso del tiempo empieza a angustiarme”.

 

En los estratos medios y altos, el casamiento tiende a demorarse, ya que las mujeres prefieren lograr primero un espacio dentro del mundo profesional y laboral. Tener un noviazgo que les asegure que la meta se va a cumplir en el futuro, las tranquiliza. Pero, si esta relación no existe, comienza la ansiedad.

Muchas mujeres se quejan de la falta de compromiso de los hombres. Pero ésta es una actitud que se observa en los dos sexos. El temor a comprometerse, a jugarse y salir lastimado, es general.

La sociedad también es más “light”: prevalece la ideología del consumo, del disfrutar el aquí y el ahora. Además, en la medida en que la mujer sale al mundo y se presentan muchas opciones, cuesta quedarse con una porque pareciera que se están desechando futuras e interesantes posibilidades.

SOLEDADES

En general, la falta de pareja se toma en diferente forma según sea una elección o una imposición. Quienes se separaron luego de una relación estable viven la soledad como una situación transitoria y necesaria para elaborar el duelo.  No obstante, todo depende del tipo de ruptura. Cuando fue por desgaste o por propia decisión, la soledad es más llevadera y se acepta hasta con alivio.

Pero, cuando la decisión fue tomado por el otro, la herida narcisista es tan grande que no se sabe qué provoca más dolor: si estar solo o haber sido abandonado. La soledad no elegida, sino impuesta por el otro, es la más perniciosa, dado que socava la autoestima y la autovaloración.

Por otra parte, quienes nunca tuvieron pareja, sienten que ésta es una oportunidad que se les escapa. Estar con alguien se convierte en una meta a lograr a toda costa. Y la obsesión aleja aún más esta posibilidad.

Sea cual fuere el motivo de la soledad, lo mejor es tomarla como una situación circunstancial. Una etapa que sirve para rearmarse y encontrarse a sí mismo antes de encontrar a otro.

Si la elección es vivir en pareja, esto ocurrirá en algún momento. A toda edad, uno puede enamorarse, sin embargo, es preferible desechar la idea adolescente de un príncipe azul. El compañero o compañera de los sueños no existen. Se trata de personas de carne y hueso; pares complementarios y no ideales.

Tal vez, la clave esté en poder disfrutar la soledad, más allá de haberla elegido o de tener que aceptarla como una circunstancia de la vida. Siempre se pueden hacer nuevos amigos, reencontrarse con la familia o hacer actividades que a uno lo gratifiquen.

3 conceptos para pensar

• Estar sin pareja no implica necesariamente estar solo. Se pueden aprovechar los momentos en familia y con amigos. Es una buena oportunidad para hacer actividades postergadas y que nos dan placer.

La experiencia de vivir un tiempo solo, que muchos tuvieron de más jóvenes o cuando eran estudiantes, puede hacerse también a los 30 y ser una etapa de reencuentro y crecimiento personal.

• La soledad no debe ser vivida como una condena, sino como una etapa de la vida en la que nos hacemos fuertes para reconocer los proyectos personales y realizarlos.

• La obsesión por conseguir pareja no hace sino alejar a los demás.  Una pareja no se encuentra por buscarla, pero sí hay que tener una actitud de búsqueda para dar con ella.  Mientras tanto, el refrán popular encierra una enorme sabiduría: “más vale sólo que mal acompañado”.

ATENCIÓN MUJERES ¡ALERTA ROJO CON ESTOS HOMBRES!

Aunque sean un poco exageradas, estas actitudes ya demuestran interés (o no)  y pueden decidirrnos a permanecer o a emprender la huida.

Semáforo rojo

• Si nos cita en un restaurante y llega más de 15 minutos tarde.

• Si no habla durante toda la velada.

• Si no para de hablar durante toda la velada.

• Si está más atento a lo que pasa en las otras mesas que a lo que le decimos.

• Si se muestra seductor con otras mujeres.

Semáforo verde

• Si tiene sentido del humor.

• Si tiene capacidad de compartir.

• Si está abierto a contar cosas de su vida, sin revelar intimidades.

• Si se muestra interesado en conocer cosas de nuestra vida y gustos personales.

• Si no es abrumadoramente guapo y extraordinariamente rico (probablemente tengamuchas mujeres para salir).

• Si no dice el tipo de cosas románticas que esperamos escuchar… al menos en la primera cita.

Asesoramiento:
Psicoterapeuta Graciela Moreschi
Psicóloga especialista en parejas Adriana Serebrenik

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