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SOS: En rescate de la mujer posesiva

mayo 19, 2014

Cuando nos encontramos inmersos en una crisis afectiva se exacerban las ganas de proteger bajo siete candados a la persona amada. Sin embargo sabemos de sobra que ahogar a nuestro compañero sólo lo motivará a buscar desesperadamente un poco de aire. ¿Qué podemos hacer entonces? Trabajar sobre nosotros mismos.

Paso 1 – Reflexionar y preguntarnos:

* ¿Cuál es la emoción más intensa que estoy experimentando?

* ¿Qué es exactamente lo que me está causando esa emoción?

* ¿Por qué experimento esa sensación con tanta intensidad? ¿Guarda relación con alguna experiencia de mi historia pasada?

* ¿Con qué opciones cuento para enfrentar aquello que me provoca estas desagradables sensaciones?

* ¿Cómo respondería mi compañero a cada una de estas opciones?

Recuerde que atacar a su compañero no es la mejor estrategia. Expresar, en cambio, el amor y el dolor que siente con honestidad, respeto y tranquilidad ayudará a alcanzar resultados mucho más positivos.

Increpar al que creemos nuestro adversario tampoco es una táctica inteligente. Esta clase de actuaciones sólo nos deja aún más expuestos e indefensos.

La mejor forma de correrse de ese lugar posesivo es procurar una comunicación serena, transparente, que explique sin atacar y que brinde el espacio para que el otro se exprese francamente sin temor a nuestra reacción.

Y si la situación lo deja sin palabras y sin control respire profundamente, sienta que cada región de su cuerpo se llena de aire puro, oxigenado. Cuando se haya calmado permítase un momento para recordar que sentirnos mal no implica que actuemos mal y vuelva a preguntarse ¿Qué opciones de reacción tengo? ¿Cuál es la respuesta emocional que me hace mejor? Y especialmente ¿Cuál es la respuesta emocional que nos hace más fuerte como pareja?

Paso 2 – Animarse al encuentro con uno mismo

El deseo de posesión está estrechamente vinculado con inseguridades, personalidades dependientes, patrones familiares y baja autoestima. El punto de partida es comprender que la prioridad no es estar en pareja sino aprender a sentirnos a gusto con nosotros mismos, identificar nuestras propias carencias, delimitar claramente nuestras necesidades y reflexionar hasta qué punto estar con otro puede ayudarnos –o no- a estar emocionalmente sanos.

Paso 3 – Correr el foco

Busque una actividad placentera que le requiera energía y concentración. Invertir su tiempo en actividades interesantes lo ayudará a ahuyentar los fantasmas y los delirios de persecución.

Paso 4 – Trazar el mapa de los espacios privados

Conformar una pareja no significa renunciar a ser un individuo y como individuos necesitamos de un espacio propio que nos permita crecer, pensar y carearnos con nosotros mismos. Busque y delimite con su pareja cuál será el espacio personal de cada uno y respételo a rajatablas. Cuando lo logre, habrá dado un paso fundamental: librarse del candado de la dependencia emocional.

Paso 5 – Aprender a dosificar

Quién no ha escuchado alguna vez esa expresión trillada que dice “si amas a alguien déjalo partir”. Amar y llevar adelante una pareja implica responsabilidad, compromiso y paciencia pero por sobre todas las cosas tenacidad y capacidad de negociación permanente. Amordazar al otro no implica ganarse su amor pero tampoco lo implica cruzar la línea y caer en el mar de las ingenuidades. Aprender a lograr este equilibrio es una de las tareas más complejas pero también una de las más satisfactorias.

Paso 6 – Saber decir “hay equipo”

La confianza no admite pagarés. Una buena estrategia para enriquecer la relación de pareja es ganarse y ganar la confianza de nuestro compañero. Pero ¿por dónde empezar? Por los amigos y los compañeros de trabajo. Intégrese a los círculos cotidianos de su pareja con soltura, demuestre que es una compañera de hierro, charle, pregunte, anímese a conocer a quienes forman parte de la vida de su pareja cuando no está con usted sin asperezas ni preconceptos. Muy pronto tendrán mucho más para compartir que el interrogatorio y el acoso mediante mensajes de textos.

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