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Trastornos alimentarios

junio 25, 2012

Además de los ya conocidos anorexia y bulimia nerviosa existen ahora los trastornos de la conducta alimentaria no especificados (TCANE), como alcohorexia, vigorexia, ortorexia y diabulimia. Explicamos cada caso en particular y sus consecuencias.

Los trastornos en la alimentación son problemas emocionales serios que se caracterizan por alteraciones graves de la conducta alimentaria y su componente fundamental es la alteración de la percepción del peso corporal y la figura.

La Asociación Americanade Psiquiatría reconoce como trastornos alimenticios: la anorexia nerviosa, la bulimia nerviosa y los TCANE dentro de los cuales la patología más estudiada es el trastorno por atracón o BED (Binge Eating Disorder). Aunque los especialistas en nutrición coinciden en que la alcohorexia, vigorexia, ortorexia y diabulimia podrían incluirse dentro de los TCANE, lo cierto es que estos desórdenes, que hace tiempo eran desconocidos o poco frecuentes, no están aceptados porla Asociación Americanade Psiquiatría y no hay teoría específica que los contemple.

Nuevos trastornos, nuevos términos

A menudo las nuevas generaciones están expuestas a diversos peligros y modas poco saludables que parecen instalarse en corto tiempo y sin discriminar en sexo y edad.

  • Alcohorexia: Es un trastorno que consiste en comer poco o no comer de día para poder tomar alcohol de noche. Si bien “alcohorexia” todavía no es un término médico oficial, ya es considerado por los especialistas como un grave problema sanitario. Las consecuencias van desde la desnutrición hasta la pérdida de proteínas y minerales e incluso la obesidad abdominal, sin contar el alto riesgo de tomar alcohol sin haber ingerido ningún tipo de alimento.
  • Vigorexia: Es un trastorno mental distinto, no es estrictamente alimentario aunque sí comparte la patología de la preocupación obsesiva por la figura y una distorsión del esquema corporal. Es una adicción a la musculación que aparece normalmente en hombres que se obsesionan por tener un cuerpo cada vez más musculoso mediante el ejercicio físico excesivo. Además suele combinarse con la ingesta de esteroides y anabolizantes, con lo cual, genera problemas de salud graves.

Ortorexia: Es la obsesión por comer alimentos sanos del tipo light, orgánicos o macrobióticos. Quienes padecen esta alteración suelen prestar especial atención a las etiquetas de los productos que consumen y hacen una suerte de composición propia de lo que creen que es saludable. Restringen todo: no toman café porque suponen que pueden provocar problemas cardíacos, se abstienen de ingerir carne de pollo porque creen que está lleno de hormonas y tampoco comen tomate porque piensan que si es perfecto está manipulado genéticamente. Depende qué elijan consumir y qué descarten, quienes padecen esta alteración pueden sufrir desnutrición, carencias alimentaria y obesidad.

Diabulimia: Se refiere a un tipo de desorden alimentario en el cual los individuos diagnosticados de diabetes tipo 1 utilizan la condición de la disciplina alimentaria y, sobre todo, del control de la insulina que exige la diabetes para perder peso. Se aplican menos dosis de insulina que la necesaria y así la pérdida de peso resulta intencionada. Sin insulina, aumentan los niveles de glucosa en sangre. A la larga, el exceso de azúcares daña los vasos sanguíneos que irrigan los nervios provocando neuropatías, si el daño se produce en los vasos sanguíneos de la retina se puede sufrir retinopatía diabética, que afecta a la visión.

Factores de riesgo individuales

  • Las causas que pueden llevar a una persona a tener trastornos en la alimentación son tan múltiples y variadas como enfermos las sufren, no obstante, el 80% aparecen cuando se comienza una dieta de adelgazamiento sin ningún tipo de control médico.
  • También se relacionan a la no aceptación de cambios corporales durante la adolescencia, a un aumento acelerado de peso, a complejos relativos al físico y a problemas de relación.
  • Sin embargo, existen factores específicos del individuo que han sido propuestos como contribuyentes al desarrollo de trastornos como por ejemplo perturbaciones en la personalidad y baja autoestima, mientras que otros son experiencias personales que de alguna manera se presentan dentro del factor ambiental.
  • La insatisfacción corporal parece estar ligada intrínsecamente a los trastornos en la alimentación y eso tiene que ver con que origina la conducta dietante que lo antecede. Es en la insatisfacción corporal donde juega un rol importante la influencia de los medios, la presión de la familia y los pares.
  • Asimismo, cabe aclarar que aunque este tipo de sentimiento es un factor necesario para el desarrollo del trastorno, no es suficiente ya que, se plantea como factor adicional la presencia de problemas de identidad y control, con los cuales, determinadas personas insatisfechas con su cuerpo, toman el peso corporal y la figura como respuesta a este conflicto. Así ejercen control sobre lo que comen, el peso y la figura creyendo que pueden tener el control cuando no lo tienen en los aspectos restantes de la vida.

Factores de riesgo cognitivos

  • Pensamiento obsesivo: lleva al individuo a perder varias horas al día pensando en la comida, el peso y la figura.
  • Perfeccionismo: se halla relacionado al anterior, está muy asociado al desarrollo de la anorexia nerviosa y en menor extensión a la bulimia.
  • Disociación: es una técnica psicológica de defensa que se desarrolla para escapar de la realidad. El bulímico que se sumerge en el atracón se protegería de la angustia emocional.

Tratamiento

  • En el caso de los trastornos en la alimentación severos es esencial el abordaje multidisciplinario conformado inicialmente por psiquiatras, psicólogos, médicos clínicos y nutricionistas. Dependiendo de la severidad y tipo de trastorno, los equipos pueden incluir médicos especialistas en complicaciones médicas relevantes pero todos ellos deben ser profesionales expertos en el tratamiento de trastornos en la alimentación.
  • El curso y el desenlace de los trastornos son muy variados, dado que cada paciente presenta una evolución distinta. Algunas personas se recuperan totalmente después de un único episodio, otras presentan un patrón fluctuante a ganancia de peso seguida de recaída y otras sufren un deterioro crónico a lo largo de los años. A diferencia de la anorexia cuya alteración de la conducta alimentaria persiste durante varios años, el tratamiento de la bulimia brinda un paisaje más alentador puesto que, la terapia cognitivo-conductual hace posible una remisión sintomática y duradera en un 50% de los pacientes tratados. Debido al desorden y malestar que presenta el enfermo bulímico, la motivación para el tratamiento es algo mayor a la del enfermo anoréxico. Esta motivación suele ser suficiente para controlar los episodios, atracones y purgas pero no para abandonar las conductas dietantes debido a que, la actitud restrictiva hacia la ingesta se encuentra muchas veces arraigada.

Familia y medios: principales influyentes

Familia: juega un papel importante ya que, los trastornos alimenticios se originan en su mismo seno y pueden aparecer como síntomas de conflictos internos, personales y de tensiones en las relaciones padres-hijos-hermanos.

Los pacientes generalmente describen un medio familiar crítico:

  • Adolescentes que carecen del cuidado de los padres, de su comunicación y sus expectativas.
  • Presencia de abuso sexual o físico.
  • Intrusión, invasión de la privacidad generalmente por las madres.
  • Madres con trastornos alimentarios.
  • Padres alcohólicos o toxicómanos.
  • Presencia de situaciones traumáticas.
  • Padres obesos.

Publicidad y medios de comunicación: la aparición de modelos o prototipos “perfectos” de mujer y hombre, bellos y muy delgados son, en parte, responsables de la aparición de trastornos. Del mismo modo, la exhibición de cuerpos extremadamente delgados asociados con el éxito y la abundancia de empresas que ofrecen comidas rápidas poco saludables contribuyen al desarrollo de los desórdenes alimentarios.

NO SÓLO AFECTAN A LAS MUJERES

  • De un tiempo a esta parte, los casos masculinos aumentaron. Lo que hasta hace poco se consideraba una enfermedad “femenina” dejó de serlo. Niños y adultos sufren trastornos alimentarios, pero la etapa de mayor riesgo sigue siendo la adolescencia y la juventud, entre los 13 y 20 años ya que es un período en el que el cuerpo se va desarrollando y cambia de manera abrupta mientras que la imagen mental que se tiene del propio cuerpo es mucho más lenta que la evolución fisiológica.

LAS CIFRAS DE LA ANOREXIA

Actualmente, en los países desarrollados, la anorexia nerviosa afecta a:

  • 1 de cada 200 jóvenes de entre 12 y 14 años.
  • Las mujeres jóvenes –chicas de entre 14 y 18– siguen siendo el colectivo más afectado.
  • Sin embargo, los varones, las mujeres maduras y los niños menores de 12 años se han agregado a la lista de víctimas de estos trastornos.

12 Conductas que pueden poner sobre aviso

Entre ellas se encuentran:

  1. Cambios en las costumbres relacionadas con la comida.
  2. Seguir dietas muy restrictivas con frecuencia.
  3. Reducir la cantidad de comida.
  4. Saltearse las comidas.
  5. Culto a los productos “light” o de dietética.
  6. Atracones.
  7. Preocupación excesiva del cuerpo o la figura.
  8. Pesarse a menudo.
  9. Nerviosismo a las horas de comer.
  10. Desaparición de comida de la cocina.
  11. Cambios de ánimo o de carácter.
  12. Aislamiento de amigos y familiares. También evitan lugares públicos donde haya comida.

Asesoramiento: Licenciada en Nutrición, Natalia Furst.

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