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Verdades y mentiras sobre la sexualidad de los varones

agosto 26, 2015

Detectar los caminos erróneos por donde el varón hace transitar su sexualidad lo llevará a recorrer otros más satisfactorios y placenteros.

Los varones también tienen necesidad de ternura, de darla y de recibirla, de ser cariñosos; no es ley que para ser más varonil haya que ocultar los sentimientos y afectos. Uno de los clichés que se escuchan es que un varón tiene que ser protector, y esto dicho también por muchas mujeres, como si ellos no necesitaran ser protegidos y cuidados. Si el dar ternura y afecto es bilateral y complementario: ¡entonces, vale!

El varón no es el único responsable del placer de la mujer ni el creador de los orgasmos de ella. No debería ser el director de orquesta ni el macho activo ni el eterno conductor de los encuentros con las mujeres. Muchos varones encuentran sumo placer y satisfacción en adoptar lo que otros peyorativamente titulan como un rol pasivo.

La afirmación de que el varón siempre tiene que ir al frente es errónea. Este mito y el deber de estar disponible todo el tiempo y con todas las mujeres, siguiendo el modelo juvenil (que incluso en muchos jóvenes tampoco se da), ha traído más problemas que beneficios; es conveniente saber decir que no y aceptar los propios límites.

Ni el tamaño del pene, ni la cantidad de orgasmos o coitos, son el hecho fundamental: la creencia de que el rendimiento es lo importante puede ser nefasta para los varones.

No hay mejor manera de impedir la erección que querer conseguirla a toda costa.

La penetración no es lo único posible en el coito: la boca, las manos, todo el cuerpo, las palabras y caricias, los abrazos, intervienen en él. Hay muchas parejas que disfrutan un largo rato exacerbando su pasión y luego, ya casi exhaustos, buscan la penetración al final; otras llegan al orgasmo alternando con juegos no penetrantes y encuentran que en la variación está el gusto.

No es cierto que ellos no tienen nada que aprender. Me he encontrado con adultos que me han dicho “¿para qué leer libros de sexualidad? eso es para las mujeres que no saben”. Yo les he respondido: “¡qué suerte que tiene usted!, porque yo, cada vez que leo algo, aprendo cosas nuevas, y para escribir mis libros tuve que leer decenas de ellos”. En realidad les cabría mejor aquella frase del filósofo griego: “sólo sé que no sé nada”. En sexualidad, como en otras áreas, la ignorancia es fatal.

Afirmar que son desinhibidos, que no fueron afectados por una educación represora y machista ni por la desinformación; decir yo soy un hombre superado le cierra las puertas del conocimiento, empobreciéndolo tanto en lo personal como en la relación de pareja.

Sostener que el diálogo con la pareja es irrelevante. Esto supone que lo que pase con ella no cuenta para nada, dando pie a malas interpretaciones y falsas suposiciones.

Muchos varones, especialmente los eyaculadores precoces, creen que el orgasmo se controla con una orden cerebral, sin conocer que es otro el mecanismo de control orgásmico. Piensan que no puede haber interrupciones, demoras, cambios, dilaciones, momentos de calma y de descenso de esa excitación, que luego es totalmente posible retomar. Son los que van al hotel y a los 10 minutos están listos para irse.

En realidad, la erección no es la condición inicial para comenzar un encuentro sexual, sino al revés: se produce a posteriori de una estimulación adecuada (incluso este es el mecanismo de acción del sildenafil o similares). Es un disparate sexual pensar que si un varón no tiene una erección al entrar al dormitorio, ya no puede empezar un encuentro sexual.

La erección no es la condición inicial, sino al revés: ésta se produce luego de una estimulación adecuada.

No somos robots, ni máquinas de erectar; somos seres falibles, cambiantes, con altibajos, ganancias y pérdidas, envueltos en éxitos y fracasos: la sexualidad no está al margen de estos vaivenes existenciales y hay que tenerlo en cuenta.

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